¿Recuerdas aquellas novelas, películas o series de temática futurista que ubicaban el presente en la fecha datada del 2021? Actualmente estamos en ese futuro, lo que hoy es nuestro presente. Muchas de esas obras exageraron su visión futurista, pero muchas otras no se han ido tan lejos de la realidad. Los avances tecnológicos se han materializado en forma de dispositivos móviles y aparatos tecnológicos. Este desarrollo ha implicado la creación de un submundo en el que todos nos encontramos sumergidos: la red de internet. Esta red hace que tu “yo” real se encuentre informatizado en forma de un “fantasma” virtual, como si del mundo de “Matrix” se tratase, similar a una idea platónica de nuestra propia sombra.

Parece ser que series como “Black Mirror” no escapan tanto de la realidad cuando nos hablan de la peligrosa evolución de estas nuevas tecnologías. Como bien sabrás, cada vez son más conocidas las consecuencias perjudiciales del uso cotidiano de los medios tecnológicos, como el móvil o el ordenador. La tecnología es una poderosa herramienta que nos facilita muchos aspectos de nuestra vida, como la comunicación.

Sin embargo, lo que se ha ideado y creado con la finalidad de ser nuestro mejor aliado a veces puede ser un potencial enemigo si no se es consciente de sus efectos perjudiciales. Éstos pueden ser muchos: actualmente se subraya notablemente el peligro del robo de identidad, estafas y robos online, uso de los datos personales con fines delictivos, grooming… Existe toda una gran red criminal en el mundo virtual. Sin embargo, también podemos encontrar consecuencias negativas en nuestra salud: adicción a las nuevas tecnologías, videojuegos o juego online; sedentarismo, afectación a nivel ocular y muscular, alteraciones de los ritmos circadianos, afectación en las relaciones sociales, trastornos psicológicos como la dismorfia corporal, y, desgraciadamente, un largo etcétera.

Debido al impacto que tienen las Tecnologías de la Información y Comunicación (o TICs), múltiples disciplinas científicas trabajan para, además de minimizar y tratar sus riesgos, desarrollar métodos para utilizar estas poderosas herramientas a nuestro favor. En 2013 comenzó un proyecto multidisciplinar liderado por el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) en coordinación con el Servicio de Neurología y el Instituto de Investigación i+12 del Hospital Universitario de 12 de Octubre.  El resultado de este proyecto científico es el software informático denominado “Neuroqwerty”. Este proyecto ha sido galardonado con el primer premio y una medalla de oro en la Cumbre Mundial de Jóvenes Científicos de Singapur, en la que participaban más de 300 jóvenes científicos.

El término “qwerty” es un concepto cotidiano en nuestras vidas. Todos los días trabajas con él, aunque no seas del todo consciente de su presencia. Es la distribución del teclado que empleamos en los aparatos de tecnología para escribir diariamente. Éste se creó originalmente a partir la lengua inglesa y dependiendo del idioma puede variar ligeramente su disposición. Si te fijas, la primera fila de letras comenzando por la izquierda forma esta pseudopalabra. Este sistema fue ideado para la cómoda y veloz escritura en un teclado de ordenador, ahora también presente en todos los smartphones.

La invasión de las TICs y el sistema ‘qwerty’ ha cambiado nuestra forma de escribir, alterando la forma en que nos comunicamos. El programa de “Neuroqwerty” analiza los patrones de conducta a partir de las secuencias de movimientos que los dedos realizan en un teclado ‘qwerty’. Anteriormente, la disciplina de la Psicología denominada “Grafología” empleaba nuestra escritura para analizar patrones de cambios de personalidad y conducta. El “Neuroqwerty” ha empleado los nuevos avances de la tecnología sin alterar el objetivo de la Grafología. Esta nueva técnica de análisis es capaz de analizar los patrones neurocognitivos a partir de nuestra interacción con un smartphone.

La principal función del software es el registro, análisis y definición de los patrones motrices del usuario a través del teclado ‘qwerty’. El método de análisis conductual a partir de las TICs desarrollado por el MIT ha demostrado tener un gran potencial, en campos de la ciencia tan dispares como en las ciencias criminológicas y las ciencias de la salud.

Este proyecto científico ha descifrado una forma de visualizar el funcionamiento cerebral a partir de la forma en la que tecleamos o pulsamos una pantalla. Algo tan simple y cotidiano que realizamos todos los días puede darnos más información sobre nosotros mismos de la que podíamos llegar a pensar. Ya que, aunque sea un acto tan breve y mecánico, en su práctica empleamos a la vez 4 zonas del cerebro que nos permiten llevarlo a cabo: la corteza motora primaria, el área motora suplementaria, los ganglios basales y el cerebelo.

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«Pensamos que esta era una oportunidad única para tener una ventana al cerebro utilizando sus interacciones normales con un dispositivo electrónico», dice Sánchez-Ferro. Y no es para menos: al iniciar el movimiento empleado en la pulsación de un dispositivo, la corteza motora primaria envía señales a través de regiones cerebrales (área motora suplementaria, cerebelo y ganglios basales). Así, estas áreas activan las neuronas espinales de la médula espinal que se encargan de estimular los músculos necesarios para ejecutar el movimiento.

Este programa neuromotriz puede verse afectado por factores como la falta de sueño, que reduce la destreza motora. En el desarrollo de Neuroqwerty tuvieron que tenerse en cuenta estos elementos para que el algoritmo que se encarga de analizar estos patrones pudiese discriminar los cambios de pulsación relativos a estados normativos o patológicos.

Como resultado, se ha creado un software dotado de inteligencia artificial capaz de analizar la actividad motora del usuario, utilizando la huella biométrica como unidad. La huella biométrica consta de diversos parámetros que la hacen única en sí mismo: la velocidad del tecleo, la repetición de errores, la fuerza de la pulsación, la velocidad de liberación de la tecla una vez pulsada, la latencia de desplazamiento hasta otra tecla y el modo de pulsar la tecla con la yema del dedo.

Estudios neurobiológicos sobre la pulsación en aparatos tecnológicos han mostrado que todo el proceso no dura más de 100 milisegundos, de los cuales el 77% se emplea para la liberación de la tecla. «Es la métrica más robusta e independiente de tus habilidades previas de tecleo», dice el neurólogo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) Álvaro Sánchez. Por lo que esta variable se consideraría la más óptima para medir los mecanismos motores del cerebro.

El “Neuroqwerty” pretende generar un gran impacto que en el campo de la salud gracias a la posibilidad de detectar el Párkinson de manera precoz. A través de este programa sería posible detectar los síntomas iniciales de esta enfermedad neurodegenerativa a partir de las variaciones de la huella biométrica del usuario. Este análisis proporcionaría información biomédica de gran valor, debido a que permitiría mejorar la intervención clínica de esta enfermedad, y así, ralentizar su evolución de una forma significativa. Además, también podría servir de soporte al seguimiento médico, por ejemplo, durante la evolución del tratamiento farmacológico.

Esto significa que este instrumento podía ser determinante en el diagnóstico de enfermedades neurológicas donde la capacidad motriz es una función que se ve afectada, como en la enfermedad del Párkinson. «Ahora nos centramos en el Párkinson porque es una enfermedad de mucho impacto, pero neuroQWERTY podría servir para cualquier enfermedad o situación donde se presente una alteración motora», recuerda Sánchez. El deterioro de esta enfermedad se produce en nuestro cerebro mucho antes de la aparición de los primeros síntomas, por lo que este proyecto trabaja para conseguir detectar estos cambios a nivel cerebral hasta 10 años antes de que se produzcan estos síntomas.

Actualmente esta enfermedad es el principal objetivo del programa. Sin embargo, en un futuro podrá ser un medio de detección temprana de enfermedades como el Alzheimer o la artritis reumatoide. Si esta propuesta logra sus objetivos mejoraría el diagnóstico y el tratamiento de los pacientes que padecen estas enfermedades, aumentar su esperanza y calidad de vida, reducir la probabilidad de los posibles síntomas comórbidos (como las fracturas de cadera) y el número de ingresos en centros médicos.

Aunque los fines médicos no son el único campo donde el “Neuroqwerty” puede tener una aplicación de gran magnitud, también lo es el campo de la Criminología. Esta acción tan automatizada que realizamos todos los días como es el teclear en nuestro móvil u ordenador, podría pronosticar que estamos a punto de cometer un delito. La criminología ha desarrollado diversos métodos policiales a lo largo de su evolución para probar la culpabilidad de una persona con respecto a la perpetuación de un crimen. Ahora, junto con el registro de las huellas dactilares y el análisis del ADN incluimos el análisis de la huella biométrica. Al igual que la huella dactilar y el ADN, la huella biométrica personal confiere un patrón único en cada uno de nosotros.

Cuando neuroQWERTY ha conseguido los suficientes datos para calcular una constante cualquier cambio de patrón puede albergar muchos significados: que estamos cansados, enfermos, nerviosos o excitados. Si el programa define y etiqueta el significado de esas variaciones podría fácilmente si la identidad del usuario coincide con su patrón motriz normativo.

De esta manera, igual que neuroQWERTY tendría la capacidad de detectar el Párkinson de forma precoz, también podría detectar los robos de identidad de un usuario. Esto supondría un claro avance en lo que a seguridad cibernética se refiere. Sin embargo, cabe destacar que el programa sólo analiza las pulsaciones de las teclas, sin capturar el contenido de lo que se está escribiendo, ya que constituiría una violación de la Ley de Protección de Datos.

Sin embargo, neuroQWERTY se ha diseñado con el objetivo de, no solo detectar variables biofísicas, sino para ser capaz de detectar cambios emocionales y reacciones fisiológicas (como el estrés o la ansiedad). Estos datos podrían detectar la intención de cometer un de un delito previamente a efectuarse.

Os pongo un ejemplo, en la novela de suspense «No soy un Monstruo» de Carme Chaparro, dos de los personajes deben conseguir la huella del teclado de cientos de simpatizantes yihadistas que se comunican a través de foros online, para poder detectar si están a punto de inmolarse y poder evitarlo a tiempo. Por lo que el “Neuroqwerty” nos permitiría hacer de la ficción una realidad.

https://kafka.ec/minority-report/

Aunque la literatura no es la única ficción donde encontramos el “Neuroqwerty”. En la película de Steven Spielberg «Minority Report» con distintos métodos, alcanza los mismos fines que busca el “Neuroqwerty”: anticiparse a los crímenes antes de que estos sucedan. Con el Neuroqwerty no necesitamos ver el futuro, nos basta con poder analizar el presente.

Autoría: Amparo Lucía Luján Barrera

  • Personal de Investigación sobre Adicciones Conductuales y Adicción a las Nuevas Tecnologías (TICs) en la Universidad de Valencia.
  • Divulgadora científica sobre Psicología y Neurociencia.
  • Grado en Psicología y máster en Neurociencia por la Universidad de Valencia.
  • Máster en Psicología Forense por la Escuela Internacional de Criminología y Criminalística y la Universidad Isabel I.