La violencia filio-parental es un fenómeno complejo cuyas causas pueden ser múltiples y que en los últimos años ha experimentado un importante auge en España según datos estadísticos. Nos referimos a aquellas conductas que ejercen los hijos, generalmente menores de edad, contra sus progenitores y que les producen un daño físico, psicológico o financiero.

Lo que se pretende con la investigación es recabar información acerca de este problema social, y analizar los factores de riesgo relacionados al respecto con este tipo de violencia, de esta forma dispondremos de los datos necesarios para el análisis estadístico.

Los objetivos del estudio son dos:
1) Conocer los principales factores de riesgo en base al IGI-J de los menores que ejercen la violencia filio-parental
2) Establecer la diferencia según el sexo comparando cada área del IGI-J

MUESTRA
La muestra la componen 194 menores con expediente de “maltrato familiar” hacia sus progenitores en el Juzgado de Menores de Castellón en el periodo del 2012 al 2017. La edad de los menores oscila entre los 14 y 17 años, que es la edad de responsabilidad penal del menor según la LO 5/2000.

PROCEDIMIENTO
Los datos del presente estudio se obtienen mediante el análisis de aquellos expedientes calificados como “maltrato familiar” del Juzgado de Menores de Castellón en el periodo de 2012 al 2017. Los análisis descriptivos se llevan a cabo mediante Anova.

El inventario utilizado para el análisis de la muestra ha sido el Inventario de Gestión e Intervención para Jóvenes (IGI-J) traducido por Garrido, López, Silva y Molina (2006) del Youth Level Service of Case Management Inventory. (YLS/CMI) de Hoge y Andrews, 2006.

El IGI-J consta de 42 ítems divididos en 8 áreas que evalúan el riesgo de reincidencia delos menores infractores. La puntuación obtenida determina el riesgo bajo (0-8), moderado (9-22), alto (23-34) y muy alto (35-42).

El inventario mencionado es emitido por el Equipo Técnico una vez es requerido por el Ministerio Fiscal para de esta forma, conocer la situación psicológica, educativa y familiar del propio menor infractor. Así se produce la predicción de la conducta delictiva del menor que sirve para decidir acerca de la medida más adecuada para el mismo.

Si observamos en la tabla 1 las medias generales de cada área del IGI-J de la muestra de N=194 menores, observamos que la área que mayor media (teniendo en cuenta los menores que puntúan en las distintas áreas) presenta es la de “Pautas Educativas” con una media de 3,37, le sigue en este sentido “Educación/Empleo” con una media de 2,58 y a continuación “Ocio/diversión” con una media de 2,44. Por lotanto, estas áreas son en las que más puntúan los menores siendo factores de riesgo a tener en cuenta de cara a una futura intervención. Las áreas que menos puntuación obtienen en cuanto a la media es la de “Medidas Judiciales”, “Actitudes, Valores y creencias” y “Consumo de Sustancias”.

Por lo que respecta el nivel de riesgo general de nuestra muestra analizada mediante el IGI-J, los sujetos presentan un riesgo moderado de reincidencia dado que la puntuación media de todas las áreas del inventario es de 15.61.

Si atendemos a las diferencias por sexos, chica N=28, chico N=71 se observa en la tabla 2 aplicando el análisis mediante ANOVA, que los chicos presentan medias más altas que las chicas en “Medidas Judiciales”, “Pautas Educativas”, “Educación y Empleo”, “Grupo de Iguales”, “Personalidad y Conducta” y “Actitudes, Valores y Creencias”. Las chicas en cambio, presentan medias más altas que los chicos en “Consumo de Sustancias” y “Ocio y Diversión”:

De esta manera vemos que las chicas tienen puntuaciones más altas que los chicos en 2 de las 8 áreas del inventario del IGI-J por lo tanto, vemos un mayor riesgo en las distintas áreas si el menor es de género masculino porque puntúan más alto en la mayoría de las áreas del inventario.

Sin embargo, a pesar de los datos extraídos de la tabla ANOVA, podemos decir que debido a que el nivel de significación (sig.) es mayor a 0,05 (inter-grupos), hemos de afirmar que NO existen diferencias significativas entre los grupos. Así, el factor “Sexo” no influye de forma significativa en las variables dependientes (las 8 áreas del inventario IGIJ). De esta forma podemos ver que en este tipo de maltrato, los factores de riesgo suelen ser los mismos tanto en un sexo como en otro por lo que habría que dirigir las líneas de intervención en las áreas más puntuadas para evitar que se vuelvan a producir los episodios violentos en el ámbito familiar.

CONCLUSIONES
De la investigación realizada sobre la violencia-filioparental, especialmente del análisis de la muestra del Juzgado de Menores de Castellón, podemos llegar a una serie de conclusiones:

  • PRIMERA: De la muestra analizada se observa que los estilos educativos constituyen un importante factor de riesgo que hay que atender siendo una de las áreas más puntuadas aplicando el IGI-J. Las pautas educativas enseñan las estrategias y mecanismos de educación y socialización de los jóvenes lo que influye en el comportamiento que desarrollen los mismos de forma posterior, en estos casos, los menores entienden que la violencia es un mecanismo efectivo de resolución de conflictos.
  • SEGUNDA: El consumo de sustancias es una de las áreas menos puntuadas tras observar los resultados obtenidos. Así se puede afirmar que el consumo puede actuar como un potenciador o agravante de las conductas violentas en el ámbito familiar provocando en los menores reacciones límites pero no es la única explicación a la problemática. De esta manera el menor puede ser violento antes del consumo pero una vez que posee los efectos de las sustancias puede empeorar su comportamiento con sus progenitores (Garrido y Redondo, 2006).
  • TERCERA: El riesgo de reincidencia en la muestra de violencia-filioparental es moderado si tenemos en cuenta la escala de valoración de riesgo del IGI-J. Por ello resulta imprescindible identificar estas conductas e intervenir sobre los factores de riesgo para evitar la reincidencia del menor que la ejerce.
  • CUARTA: En la muestra de VFP en concreto, no existen diferencias significativas entre ambos sexos debido a que la diferencia de las medias delas áreas del IGI-J no es significativa. Si comparamos los chicos con las chicas, en cuanto a los resultados de las medias en los factores de riesgo vemos que han puntuado de forma similar en las distintas áreas del inventario independientemente del sexo.
  • QUINTA: En cuanto al perfil de la VFP estaríamos ante menores con riesgo elevado en pautas educativas, formación/empleo y ocio/diversión. En cuanto al perfil masculino, presentan mayor riesgo en pautas educativas, seguido de formación/empleo y personalidad/ conducta. El perfil femenino presenta mayor riesgo en pautas educativas, ocio/diversión y formación/empleo con lo cual vemos que tanto las pautas educativas como la formación/empleo son dos importantes factores de riesgo en este maltrato en concreto. Destacando que en este caso el sexo no es una variable significativa.
  • SEXTA: No podemos hablar de una cifra real recordando la importante cifra, negra que existe en este maltrato. Así de esta forma, como conclusión también podemos hacer referencia a la dificultad de conocer con exactitud la dimensión real de este problema puesto que hay muchos casos que no se denuncian dado que es un problema que se da en el ámbito familiar y se suele ocultar o minimizar.

Así, como conclusión final hemos de hacer referencia a que las causas de la aparición de la violencia filio-parental se asocian a determinados factores que son puntuados de forma elevada en ambos sexos. De esta forma por los resultados obtenidos se puede concluir que la intervención para estos menores podría ir dirigida a cambiar las pautas educativas que reciben (las negligentes o permisivas), y de esta manera establecer normas consistentes en el ámbito familiar. Por otra parte imponerles modelos positivos de vida, incentivarles para realizar actividades de ocio saludables y a prepararles para el mundo laboral o  bien instarles a que continúen con sus estudios. En estos casos resulta importante poder construir dinámicas familiares basadas en el respeto, tolerancia y la comunicación fluida para que las familias puedan afrontar de manera adecuada las dificultades que se les puedan presentar. De esta manera se podrían reducir las posibilidades de que en un futuro próximovuelvan a ejercer la violencia filio-parental, teniendo en cuenta que en estos casos la tasa de riesgo de reincidencia es moderado con lo cual es necesario actuar sobre dichos factores de riesgo que precipitan el maltrato hacia los progenitores para evitar nuevos conflictos.

Julieta Daiana Nogueiras
Graduada en Criminología y Seguridad
Estudiante de Derecho en la actualidad.

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