La violencia de género es un fenómeno de carácter estructural, es decir, siempre ha estado presente en la sociedad. Si bien es cierto que no siempre ha sido reprobado públicamente, los individuos si sabían de su existencia, aunque era considerado como algo de carácter privado que concernía a la pareja.

Encontrando su justificación en los pilares del sistema patriarcal, la legislación dotaba a hombre del derecho a castigar a la mujer cuando esta no cumplía con aquello que se esperaba de ella (Fray Luis de Leon, 1584). Actualmente, la sociedad ha cambiado su percepción respecto a este tipo de violencia, la cual es condenada social y legislativamente.

Así, la legislación española, por medio de la LO 1/2004 de 28 de diciembre de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, define la violencia de género como “aquella violencia que, como manifestación de la discriminación, desigualdad y de la relación de poder, se ejerce sobre las mujeres por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados en relación análoga de afectividad aún sin convivencia” (art.1.1). Como se puede observar, en España se circunscribe el fenómeno de la violencia de género al ámbito de la pareja, quedando excluidos otras conductas que, pese a tener idéntica motivación, carecen del componente afectivo. Ahora bien, ¿Qué sucede a nivel internacional?

Tomando como referencia el Convenio de Estambul, se observa una notable diferencia conceptual respecto la legislación española. Mientras que en España la violencia de género se rige por la existencia de una relación afectiva o análoga, el Convenio de Estambul aboga por una conceptualización más genérica, mediante la cual, la violencia de género es “toda violencia contra una mujer por el hecho de serlo o que afecta a la mujer de manera desproporcionada” (art.3).  Esta diferencia en terminológica trae consigo consecuencias de cierta relevancia en materia de atención a la víctima, puesto que la víctima de violencia de género tiene acceso a una serie de prestaciones socio-económicas y derechos procesales que no se contemplan para otro tipo de tipos penales.

Teniendo en cuenta el marco legislativo y los efectos que produce, ¿cuál es la incidencia de la violencia de género en España? ¿Hay alguna diferencia entre víctima española y víctima extranjera?

En 2018 se registraron en España un total de 4.848.516 extranjeros, de los cuales 3.617.141 tienen entre 16 y 44 años, siendo los principales focos de inmigración[1] Marruecos (714.239), Latinoamérica[2] (633.785) y Europa del Este[3] (898.546) (INE, 2018).

Ser mujer y extranjera supone para esta un doble foco de vulnerabilidad y discriminación, lo que la hace tener una mayor probabilidad de convertirse en una potencial víctima de violencia de género. Las mujeres inmigrantes en España proceden principalmente de América Latina, Marruecos y África Subsahariana (Hernández Ramos, 2018)

Todas ellas tienen una serie de valores socioculturales que hacen más ardua la intervención en un caso de violencia de género. Uno de los aspectos presente en las tres comunidades es el duelo migratorio. Concebido como aquellos factores de riesgo que incrementan la vulnerabilidad de victimización de la mujer inmigrante, está formado por aquellos aspectos socioculturales del país de origen que perpetúan la situación de violencia impidiendo que la víctima pueda salir del maltrato (Hernández Ramos, 2018).

Este fenómeno, no sólo supone un factor de riesgo de victimización, sino que es la raíz de las diversas dificultades –las cuales se suman a las encontradas en la propia génesis de la violencia de género- que pueden encontrarse en la intervención con una víctima extranjera. Durante 2017 el Consejo General del Poder Judicial registró un total de 158.217 víctimas de violencia de género, de las cuales, un 30,4% son extranjeras (n=48.110) y un 69,6% españolas (n=110.107) ¿Cuál es la relación del duelo migratorio con estos datos?

Caracterizado por ser recurrente, múltiple, causar un cambio en el auto concepto de la mujer y dar lugar a mecanismos de defensa adaptativos, el duelo migratorio puede llevar a la mujer a continuar inmersa en la situación de violencia bajo una auto justificación cultural.

Tabla1. Características y efectos del duelo migratorio

 

Recurrente

El arraigo y la vinculación emocional con los valores del país de origen prevalecen sobre los derechos del país donde vive.
No rompe la dependencia cognitivo-conductual con los patrones culturales de lealtad
 

 

Múltiple

Los valores y las creencias culturales dificultan la integración en el país de destino, produciendo un choque cultural que incrementa la indefensión y la vulnerabilidad
La dependencia al grupo socio-familiar donde puede ser maltratada y el refuerzo étnico tóxico incrementan la vulnerabilidad
Cambio en el auto concepto La adaptación al entorno produce una evolución o regresión psicológica en función del grado de incidencia del resto de factores.
 

 

Mecanismos de defensa adaptativos

Surgen como una forma de afrontar la frustración, sometimiento y violencia presentes en el entorno.
Aumenta la indefensión y vulnerabilidad
Provoca una pérdida progresiva de autoestima
Anula la capacidad de reacción

Fuente: Elaboración propia a partir de (Hernández Ramos, 2018)

A la vista de estos aspectos no resulta extraño el bajo índice de casos de violencia de género con víctima extranjera en relación con los encontrados con víctimas españolas, puesto que descubrir la situación y poder afrontarla es una tarea más difícil debido al componente sociocultural en el que se enmarca la victimización.

Ahora bien, ¿sufren todas las mujeres extranjeras el mismo tipo de violencia de género? Una de las cuestiones características de la violencia de género es que es un fenómeno de amplio espectro que abarca conductas de muy diversa naturaleza bajo la misma motivación. Por tanto, es posible encontrar diferentes formas agredir a una mujer en función de la cultura, religión y sociedad en la que se enmarque la discriminación. Anteriormente se apuntaba que en España se registra tres tipos de mujeres inmigrantes, magrebí, latinoamericana y africana subsahariana, encontrándose varios aspectos destacables.

1. Mujer magrebí

El individuo está en continua formación, actuando de acuerdo a los valores y creencias de los que ha estado rodeado durante su infancia y buena parte de la juventud. Si bien es cierto que no siempre se comulga con los mismos dogmas, una parte de la persona permanecerá fiel a aquellos valores que hayan marcado su desarrollo.

Cuando el individuo en cuestión es una mujer que debe de hacer frente a problemáticas como la violencia de género en un país extranjero donde la cultura es totalmente diferente a la de su país de origen, los valores y creencias adquiridos desde la infancia pueden constituir un foco de conflicto para poder llevar a cabo la intervención.

Pues bien, esta situación es la que presenta la mujer de origen magrebí víctima de violencia de género en España. Proveniente de regiones donde el ámbito sociocultural y político se rige por el tradicionalismo religioso, la mujer magrebí es una mujer que ha vivido de acuerdo a valores y creencias basadas en la superioridad masculina y la sumisión al hombre.

Consideradas en muchos países como “ciudadanas de segunda”, la mujer sigue teniendo serias dificultades para acceder al mundo laboral y percibir un salario, o a una educación. De esta forma, se puede encontrar que en Túnez el 97% del tiempo de ocupación cotidiana de las mujeres en el sector agrario es trabajo no remunerado, dato que contrasta con el 25% de mujeres que forman parte de la población activa, siendo estas empleadas remuneradas   (Mestre Domènech, 2004).

Por otra parte, en lo que respecta al acceso a una educación, se encuentra que en Marruecos, el 40% de las mujeres que residen en una zona urbana no sabe leer, mientras que en las zonas rurales 8 de cada 10 mujeres son analfabetas y el 22% de niñas entre 6 y 11 años no recibe ningún tipo de educación (Mestre Domènech, 2004). Cifras similares se encuentran en Argelia, donde el 15% de mujeres entre 15 y 24 años son analfabetas, y donde el 30% de las mujeres en zona urbana, y el 40% en zona rural, no han sido escolarizadas (Mestre Domènech, 2004).

Estos son algunos de los problemas que la mujer magrebí debe de afrontar, siendo víctima de violencia de género desde la niñez. Ahora bien, ¿de qué otras formas puede ser victimizada? Como bien se apuntaba al inicio de este estudio, la violencia de género es un fenómeno de amplio espectro que abarca todas acciones contra los derechos y libertades de las mujeres, por tanto, se encuadran conductas que pueden ir desde la discriminación hasta el maltrato.

Aunque el abanico de conductas es bastante amplio, en este apartado se van a tratar aquellos comportamientos que puedan incidir en el desarrollo de una situación de maltrato habitual trasladado posteriormente a España. Con ello, se podrá observar la incidencia que este tipo de conductas tiene en la mujer y como afecta a su decisión de buscar ayuda.

Asimismo, se van a tratar la discriminación por razón de ser mujer, el matrimonio forzado, y la violencia de género en la pareja. Puesto que el primer comportamiento ya ha sido expuesto, se procederá a tratar los otros dos fenómenos restantes, así como su relación entre todos ellos.

1.1. Matrimonio forzado

El matrimonio forzado es un fenómeno caracterizado por la coerción de la voluntad  de la mujer para forzarla a contraer matrimonio, pero que se mantiene durante la duración de éste y una vez finalizado, siendo por ello considerado como una forma de violencia de género.

Practicado en su mayoría en regiones de religión musulmana (69,2%), el matrimonio forzado es una conducta común África, lugar del que provienen el 67,9% de las mujeres (Villacampa & Torres, 2019). Legitimado socioculturalmente, la familia encuentra en el enlace una forma de beneficio, ya sea económico o social, siendo la presión familiar (38,9%) y el apego cultural (22,2%) los mecanismos más empleados para forzar la celebración del matrimonio  (Villacampa & Torres, 2019). De esta forma ¿a qué tipo de mujer afecta?

Tras realizar un estudio en España, Villacampa y Torres (2019) determinaron que la víctima de matrimonio forzado es una mujer menor de 21 años (76,8%), con nacionalidad magrebí (29,8%). Esta victimología, pese a estar falta de elementos complementarios, aporta una serie de aspectos relevantes para determinar el riesgo de victimización.

Figura 1: Victimología del matrimonio forzado.

Fuente: Elaboración propia a partir de Villacampa y Torres (2019).

Así, entre el 76,8% de mujeres menores de 21 años, se puede encontrar que el 33,9% son menores de edad, de las cuales el 1,8% no llegan a los 15 años, mientras que el 42,9% tienen entre 18 y 21 años (Villacampa & Torres, 2019). Estos datos junto con los obtenidos respecto del lugar donde se celebra el matrimonio, hacen intuir una interrelación por medio de la cual explicar las diferentes acciones llevadas a cabo en función de la edad de la mujer.

Por consiguiente, cuando la mujer es menor de edad éste se produce en el país de origen (46,4%), mientras que en los casos en los que ya se ha cumplido la mayoría de edad, el matrimonio tiene lugar en territorio español (30,4%).  Este cambio de escenario en la celebración del matrimonio se debe, principalmente, a la legislación española respecto del matrimonio forzado, la cual lo tipifica en el art.172 bis CP.  Como consecuencia, el estado civil de la mujer pasa a ser “casada” (39,3%) cuando ésta es mayor de edad (Villacampa & Torres, 2019).

Asimismo, se observa como el 21,4% de los casos detectados pertenecen a mujeres de nacionalidad española. Estos casos pueden corresponder a mujeres que constituyen segundas o terceras generaciones de familias migrantes residentes en España y que continúan la promoción del matrimonio forzado.

De esta forma, el matrimonio forzado experimenta una transnacionalización que se hace consistente debido al elevado arraigo cultural que mantienen las familias, lo que supone un choque cultural entre las nuevas generaciones y la familia, provocando una mayor resistencia por parte de las mujeres jóvenes a ser objeto de este tipo de prácticas.

1.2. Violencia de género en la pareja

Constituyendo el fenómeno más visible y con el que mayormente se identifica la violencia de género, el maltrato habitual se compone por un conjunto de acciones de que afectan tanto a su ámbito económico, social, sexual, físico y psicológico.

Actualmente, no se ha logrado atribuir un patrón victimológico que determine aquellas características que suponen el incremento del riesgo de victimización (Alcázar Córzoles & Gómez Jarabo, 2001), puesto que el maltrato habitual es una conducta que puede devenir como consecuencia de un hecho anterior, o por el contrario manifestarse sin detonante alguno.

Tanto en un caso como en otro, la génesis del comportamiento no varía, es decir, el maltrato continúa siendo la manifestación de los valores y creencias de carácter machista. De esta forma, la violencia se convierte –de acuerdo con la lógica patriarcal- en el mecanismo por el que lograr la sumisión y el dominio de la mujer, obteniendo así, el poder necesario para amansar su conducta (Alencar Rodriges & Cantera, 2012).

A lo largo del año 2019 se ha contabilizado 55 mujeres que han sido víctimas mortales por violencia de género en la pareja, de las cuales el 40% eran mujeres migrantes (Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, 2019).  Siendo el pasado año uno de los más duros –en cuanto a números de víctimas mortales- la vulnerabilidad respecto de este fenómeno se ve incrementada cuando la mujer es extranjera.

De esta forma, las barreras socioculturales que se puedan dar en el país de destino y el bagaje cultural en el que se haya desarrollado su vida, hacen que la mujer migrante tenga una dificultad añadida a la hora de poder pedir ayuda para salir de la situación de maltrato. Buen ejemplo de ello son los datos presentados por el CGPJ  (Consejo General del Poder Judicial), en los cuales, el 32,69% de las mujeres víctimas de violencia de género en la pareja eran extranjeras.

Ahora bien ¿afecta de manera particular a la mujer magrebí? Todo y que en las estadísticas oficiales no se específica la nacionalidad de la mujer, tan solo si es española o no, al contextualizar la situación que puede presentar una mujer u otra, se pueden encontrar ciertas diferencias.

Recordando lo comentado al principio del punto 1, la mujer magrebí forma parte, hasta que emigra a España, de una sociedad donde la religión y los valores que ésta representa rigen la cultura y la política. Como consecuencia, se relega a la mujer a un segundo plano, lo que la hace objeto de discriminaciones, restricciones y demás conductas, que son llevadas a cabo de acuerdo a la lógica patriarcal.

Por consiguiente, la violencia de género en la pareja se convierte en lo que se podría denominar “la punta de lanza”, es decir, aquello que es más visible dentro de un conjunto de conductas que han ido victimizando a la mujer hasta llegar a aquel con el que lograr el sometimiento deseado.

Figura 2: Victimización de la mujer magrebí.

Tal y como se observa en la figura, la mujer magrebí se ve involucrada en una victimización continua. Este proceso puede adquirir un componente más violento cuando la mujer no desarrolla la conducta deseada hacia fenómenos como el matrimonio.

La relación entre matrimonio forzado y violencia de género en la pareja surge bajo el objetivo de la sumisión, puesto que cuando la mujer muestra cierta resistencia a comportarse arreglo a los roles sociales y aceptar la situación, la violencia es el medio empleado para vencer esa reticencia a cumplir con sus deberes. Si bien es cierto que la violencia de género en la pareja puede presentarse tanto en un matrimonio forzado como en uno consentido, la situación que surge cuando la mujer ha sido obligad a casarse, es una relación causa-efecto.

Figura 3: Relación causa-efecto de la violencia de género en la pareja en el matrimonio forzado.

Fuente: Elaboración propia.

Así, el 54,4% de los casos de matrimonio forzado salen a la luz como consecuencia de una denuncia por violencia de género en la pareja. Este porcentaje supone un reflejo, no sólo de la elevada cifra negra  existente de ambos fenómenos, sino también de como la obligación de contraer matrimonio puede llegar a constituir un caldo de cultivo para una conducta violencia de carácter instrumental como lo es el maltrato en la pareja.

Al mismo tiempo, es preciso tener en cuenta que la mujer magrebí es una sobre las que el duelo migratorio ejerce mayor influencia, puesto que, al emigrar junto con el núcleo familiar el arraigo cultural se ve fortalecido y mantenido en el tiempo. Esto, junto con la propia institución que forma la familia, hace que la mujer encuentre serios obstáculos para poder pedir la ayuda necesaria para poner fin al maltrato.

Tabla 2: Factores que promueven y perpetúan la victimización en la mujer magrebí

Múltiple victimización durante las diversas etapas vitales Duelo migratorio
Barreras socioculturales en el país de destino Cultura tradicionalista y patriarcal
Miedo a las consecuencias socioeconómicas del divorcio Miedo y desconfianza de las instituciones del país de destino

Fuente: Elaboración propia

Por tanto, en función de los datos expuestos y en respuesta a la pregunta formulada anteriormente – ¿afecta a la mujer magrebí de forma especial la violencia de género en la pareja? – se puede observar como la victimización que sufre la mujer de etnia magrebí aparece rodeada por factores que la promueven y dificultan su finalización, lo que supone una dificultad añadida respecto de otras mujeres y la necesidad de una intervención más especializada.

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[1] Hasta octubre de 2019 se han registrado un total de 18.591 inmigrantes irregulares en España, procedentes principalmente de Marruecos y Argelia, países donde existe un número importante de mafias dedicadas a la inmigración ilegal y a la trata de seres humanos con fines de explotación sexual.

[2] Colombia, Ecuador, Venezuela, Honduras y Perú son los principales países de procedencia más comunes entre los extranjeros de América Latina.

[3] Rumanía, Bulgaria y Ucrania son los países de origen que registran una mayor tasa de inmigración en España.

AUTORA: CAROLINA TORRES SUAY