1. Mujer Latinoamericana[1]

A diferencia de lo que ocurría con la mujer magrebí, la mujer latinoamericana se enmarca en una región donde sí que hay una legislación contra la violencia de género, pero ésta no es eficaz o su aplicación es deficiente.

El marco legislativo de un país supone un reflejo de la sociedad que lo forma. En este caso, la sociedad latinoamericana  presenta una de las poblaciones con un mayor número de individuos en situación de pobreza, 185 millones de personas en 2018 (CEPAL, 2019) y desigualdad social. Tanto la pobreza como la desigualdad, son dos conceptos que mantienen una relación causa-efecto, es decir, la desigualdad provoca pobreza, y viceversa. De esta forma, se obtienen datos como que el 10,7% de la población vive bajo el umbral de la pobreza extrema, mientras que el 30% lo hace bajo la línea de la pobreza (CEPAL, 2019)

Ahora, esta desigualdad se encuentra reforzada por el grado de discriminación que la propia sociedad ejerce ya sea por razón de sexo, nivel socio-económico o etnia, por lo que ser pobre, indígena[2], campesina o transexual, son estigmas con los que la población justifica la diferencia de trato. Por consiguiente, esta estigmatización se agrava cuando la persona sobre la que recae es una mujer, provocando que sea objeto de múltiples formas de violencia de género.

Al mismo tiempo, cabe tener en cuenta que América Latina es una de las regiones donde se registran los mayores datos de violencia de género en la pareja[3][4], llegando a tener 3.800 víctimas mortales en 2019 (Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Acaribe, 2019). Esto hace que la mujer vea incrementada su sensación de inseguridad, agravando la situación socio-política que pudiera vivir.

1.1. Desigualdad

Todo y que los tiempos avanzan, y las mujeres cada vez están ganando más terreno a los principios patriarcales, en Latinoamérica el 80% de las mujeres aún sigue encargándose de las tareas del hogar ella sola (ONU, 2019). Esto supone un contexto social donde los valores de carácter machista siguen arraigados, promoviendo un gran índice de desigualdad.

Así, dentro de la estructura social, la mujer mayormente suele estar posicionada entre los estratos medio-bajos, haciendo que la posibilidad de poder tener un desarrollo socio-económico óptimo sea una tarea difícil. Por tanto, ¿a qué es debido?

La desigualdad es un fenómeno que puede adoptar múltiples caras, pero va dirigida hacia un grupo de individuos concretos elegidos, principalmente, con base en el sexo o la raza. Actualmente, en un mundo donde la economía lo rige todo y la sociedad se individualiza, cuestiones como la educación o el acceso a un determinado puesto de trabajo, son para las mujeres latinoamericanas aspectos de relevancia.

En América Latina la mujer que llega a cursa estudios superiores es, en comparación con otras regiones, bajo. El 69% de las mujeres de entre 12 y 23 años no llegó a terminar su formación académica, abandonando la primaria el 26% de ellas comprendidas entre los 12 y los 17 años, y la secundaria el 43% de entre 18 y 23 años. Por su parte, el porcentaje de mujeres que acceden a estudios universitarios, concretamente a estudios de ingeniería o TICs, no superan el 10%, frente al 33% de los hombres (CAF, 2019).

Todo ello, tiene como consecuencia una precariedad laboral que hace que el porcentaje de mujeres en situación de pobreza extrema sea el 11,4%, dato dos puntos superior al de los hombres (CEPAL, 2019). Asimismo, ¿cuál es la situación laboral de la mujer latinoamericana?

Desde que la mujer realizó su incorporación al ámbito laboral, se ha tenido que enfrentar a varias cuestiones que han hecho que su andadura profesional tenga dificultades añadidas. En este caso, el desempleo, la brecha salarial y el empleo precario son tres de los grandes problemas existentes.

Hoy en día, el 53% de las mujeres desarrolla una actividad laboral, cobrando 17% menos que el hombre por hora trabajada. Las mujeres no ven remuneradas todas sus horas de trabajo, sino sólo parte de ellas, puesto que trabajan la mayor parte del tiempo gratis. De esta forma, en países como México, Chile o Argentina, la mujer solo encuentra remuneradas de 15 a 20 horas de trabajo semanales, quedando sin cobrar otras 40 horas (CEPAL, 2019).

Asimismo, la mayoría de esta actividad laboral se lleva a cabo en sectores de baja productividad, es decir, sectores donde las condiciones salariales y de seguridad social son mínimas, contribuyendo a que la mujer llegue a cobrar -tal y como sucede en Argentina o Uruguay- de un 23 a un 25% menos que los hombres (OIT, 2019).

Por consiguiente, la mujer es considerada a efectos sociales una ciudadana de segunda, siendo objeto de múltiples discriminaciones con las que incrementar el “techo de cristal” que pesa sobre ellas.

1.2. Violencia sexual: Acoso Sexual Callejero

La violencia sexual[5] crea una especial inseguridad en las mujeres. En México, donde las mujeres constituyen el 54% de la población, la violencia sexual afecta de manera especial a todas ellas, puesto que durante 2018 se dieron un 82% de casos de violación, un 81% de trata de personas y un 79% de abuso sexual (Comisión Española de Ayuda al Refugiado, 2019)

Sin embargo, no siempre que se habla de violencia sexual se hace referencia a actos que entrañen un contacto físico[6], sino que también existen comportamientos que, sin llegar a tener la misma entidad física, se consideran conductas de violencia sexual. Asimismo, por medio de esta interpretación se pueden encontrar fenómenos como el Acoso Sexual Callejero, que sin tener violencia física explícita, sí que tiene un elevado componente psicológico.

El Acoso sexual Callejero es entendido como actos de carácter unidireccional que se llevan a cabo en lugares públicos y que tienen connotación sexual (Bili, Arancibia, Guerrero, & Torrealba, 2015) afectando – en su mayoría – a mujeres y que puede llegar a provocar cambios conductuales.  Concebido como un tipo de violencia sexual en el que no se produce contacto alguno, el ASC está formado por conductas que van desde el “piropo” hasta insultos, roces o persecuciones.

Tabla 3: Conductas de Acoso Sexual Callejero

Piropo Humillaciones
Insulto con connotación sexual Persecuciones
Miradas intimidatorias Acercamientos indeseados

Fuente: Elaboración propia

En Latinoamérica –una de las regiones donde este fenómeno adquiere una relevancia especial– 2 de cada 3 mujeres sufren este tipo de acoso sexual al menos una vez a la semana y que en países como Chile afecta al 85% de las mujeres (Bili, Arancibia, Guerrero, & Torrealba, 2015).

¿A qué se deben estos datos? ¿Cuál es la raíz de este tipo de violencia? Uno de los aspectos que se comentaba al inicio de este análisis en torno a la mujer latinoamericana, era la sociedad en la que convive. Las conductas de ASC se manifiestan en sociedades patriarcales donde la mujer no alcanza a tener plenamente el mismo estatus que el hombre.

De esta forma, este tipo de comportamientos destaca por dos aspectos, su carácter público y su victimología indefinida.

La victimología que presenta en Acoso Sexual Callejero, al igual que sucede con otros fenómenos propios de la violencia de género,  no se encuentra determinada, afectando a mujeres de cualquier edad, ocupación y clase social. Esto contribuye a que la comisión de esta clase de comportamientos esté envuelta bajo una falta de respuesta activa institucional, ya que no es considerado un hecho que tenga que ser abordado por el control social formal[7]. Como consecuencia, países como Perú[8] no muestran respuesta alguna, contribuyendo a una cifra negra del 84% de los casos de ASC (ONG Plan Internacional, 2018). Esto supone una gran diferencia respecto del 10% de denuncias de carácter formal que se interponen en sedes policiales (ONG Plan Internacional, 2018).

Ahora bien, el ASC no sólo destaca por el aspecto victimológico, sino también por su publicidad. Todo y que la dinámica de las conductas de violencia de género suele regirse por su carácter privado, el ASC introduce una novedad, se lleva a cabo en espacios públicos. Por consiguiente, escenarios como la calle, o el transporte público[9] se convierten en lugares con un elevado índice de oportunidad delictiva[10].

Así, el mayor grado de vulnerabilidad, y por tanto, cuando el riesgo de victimización se incrementa, se produce en las horas de entrada y salida del trabajo o la escuela. Esto se debe, principalmente, a que durante estos traslados es cuando se registra un mayor tránsito de individuos, haciendo que víctima y victimario coincidan en espacio-tiempo.

Por tanto, el Acoso Sexual Callejero se muestra como una problemática invisible para la gran parte de la sociedad y para las instituciones, afectando a las mujeres de forma psicológica cambiando sus patrones conductuales.

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AUTORA: CAROLINA TORRES SUAY 

Aclaraciones:

  • [1] La mujer latinoamericana constituye el 58% de los extranjeros que entraron en España procedentes de América Latina, y el 29,4% del volumen total de extranjeros que entraron en el país durante 2019 (INE, 2019).
  • [2] El 17,9% de la población indígena se encuentra en situación de pobreza extrema (CEPAL, 2019)
  • [3] Brasil registró un total de 1.206 víctimas mortales siendo el país latinoamericano que con mayor número de muertes por violencia de género en la pareja durante 2018.Honduras es el país con la mayor tasa de violencia de género por cada cien mil habitantes y en Colombia el 75% de las mujeres fue víctima de violencia de género durante 2018 (RTVE, 2019;CEPAL, 2018).
  • [4] La mujer latinoamericana, al contrario de lo que sucede con la mujer magrebí, emigra sola, por lo que encuentra en el proceso migratorio el medio para poder escapar de la situación de maltrato.
  • [5] En Colombia, el 85,4% de las mujeres ha sido víctima de violencia sexual (Observatorio Feminicidios Colombia, 2019).
  • [6] La OMS (2013), dentro de su conceptualización del término de violencia sexual, contempla que ésta se cometa mediante “… comentarios o insinuaciones sexuales no deseados… “abarcando así aquellas conductas que no tienen una manifestación explícita de violencia física.
  • [7] La sociedad dispone de dos mecanismos de control para hacer frente a la conducta desviada, el control social informal (escuela, familia, comunidad) y el control social formal. El control social formal hace referencia a los mecanismos que el Estado tiene para poder hacer frente a los comportamientos desviados.
  • [8] Perú registró durante 2017 un total de 1.200 casos de violencia sexual, de los cuales, el 70% correspondían a mujeres menores de 18 años (ONG Plan Internacional, 2018).
  • [9] Llerena Benites (2016) tras realizar un estudio sobre el acoso sexual callejero en las estudiantes universitarias de Lima, observó que el medio de transporte donde se presentaba un mayor índice de casos era el autobús. Al mismo tiempo, la frecuencia en la que las estudiantes eran victimizadas se  mostraba ascendente cuando la mujer era más joven.
  • [10] El factor de oportunidad constituye una de las tres dimensiones de riesgo con las que el Modelo del Triple Riesgo Delictivo explica el comportamiento delictivo o antisocial al mantener que éste es resultado de la presencia de factores individuales del sujeto, factores de apoyo pro-social y factores de oportunidad delictiva (Redondo Illescas, 2008).