1. Mujer africana-subsahariana[1]

La cultura es el pilar sobre el que los valores y las creencias se levantan y se reflejan en la sociedad y la política. Actualmente, la mujer continua discriminada en diversas zonas del globo, resultando indiferente el tipo de religión o de cultura que haya instaurada en la zona.

Hasta el momento, se han podido analizar la situación que viven mujeres de dos de las tres principales comunidades étnicas que emigran a España. Ambas ejercen la discriminación y el abuso de formas diferentes, pero llegan a un mismo resultado, la inferioridad y el maltrato sociopolítico de la mujer.

Cuando la discriminación, el abuso y la desigualdad sociopolítica y cultural se trasladan al África –Subsahariana se observa como la situación no difiere en demasía con el panorama visto en el Magreb. La sociedad africana-subsahariana es una comunidad estratificada levantada sobre la religión y las tradiciones donde el hombre tiene todo el peso político y social.

Así, prácticas como la mutilación genital, el matrimonio forzado o la sumisión total al marido –que también están presentes en la región del Magreb-  provocan, no sólo un maltrato desde la infancia, sino también la instauración de un estado de minoría de edad permanente. Por tanto, la violencia de género que sufre la mujer en el África-Subsahariana, es una violencia que se extiende en el tiempo y que va cambiando de forma a medida que la mujer va avanzando en edad.

1.1. Desigualdad social

La desigualdad es uno de los factores comunes a todas las sociedades patriarcales. Hasta el momento se ha podido examinar cómo afecta este tipo de discriminación en dos comunidades que son tan dispares y parecidas al mismo tiempo. Tanto en un caso como en otro, la discriminación de la mujer partía de un mismo punto –inferioridad a partir de la negación a determinados recursos socio-económicos y culturales- pero era ejercida de forma distinta.

Pues bien, en el caso de la mujer africana-subsahariana se presenta la misma situación. A partir de la negación de una vida pública sin restricciones –educación, trabajo, sexualidad, sociedad- la desigualdad de la que son objeto este tipo de mujeres adquiere sus propios matices.

1.1.1. Educación

Actualmente el acceso a la educación[2] se ha facilitado y normalizado en múltiples regiones del globo, pero aún hay zonas donde ésta es negada a sectores poblacionales. Esta situación es la que viven las mujeres africana-subsaharianas, las cuales encuentran serias dificultades para poder adquirir una debida formación académica.

Una correcta formación académica supone el medio para conseguir una independencia socio-económica, lo que resulta una amenaza para la continuación del status quo establecido. De esta forma, las mujeres se convierten en el grupo principal al que afecta el analfabetismo.

Las restricciones sociales, culturales y políticas hacen una tarea algo difícil para las niñas el poder completar sus estudios, ya que, a los obstáculos jurídicos, cabe añadir los culturales. Así, las sociedades donde la cultura patriarcal es tan acérrima, los roles de género constituyen una parte importante de la estructura social.

Como consecuencia, en África-subsahariana 49 millones de niñas no cursaron formación académica alguna y sólo el 34% de logra terminar la educación secundaria (Fundación CODESPA, 2017).  A estos datos, cabe añadir que las condiciones en las que las niñas asisten al colegio son inferiores a las de los niños, y que lo hacen bajo una serie de restricciones que impiden – entre otras cosas- estudiar en caso de que se tenga la menstruación

Figura 4: Acceso a la educación de la mujer africana-subsahariana

Fuente: Elaboración propia a partir de Fundación CODESPA (2017)

Ahora bien, a estas restricciones cabe añadir el hecho de que la mayoría de las niñas son casadas antes de los 18 años, lo que las obliga a dejar los estudios. Por tanto, la confluencia de estos aspectos –junto con tantos otros- lleva a que el 89% de las mujeres no sepa escribir su nombre, haciendo que sean totalmente dependientes de su marido.

1.1.2. Trabajo

Teniendo en cuenta los datos referentes a la formación académica, la inserción laboral continúa la misma tendencia. La inmersión laboral de la mujer africana-subsahariana es una tarea donde las limitaciones marcan los pasos a seguir.

Acciones como buscar trabajo o firmar un contrato son completamente impensables en países como Guinea o Mauritania, donde actuar sin el permiso del marido en alguna de las acciones mencionadas conlleva la retirada del derecho a recibir apoyo financiero (Fundación CODESPA, 2017). De esta forma, se supedita por completo al hombre cualquier acción o decisión que quisiera tomar la mujer, no dejando lugar alguno a cualquier atisbo de independencia o autonomía.

La ocupación femenina se concentra principalmente en el sector agrícola y el sector informal. Trabajando en condiciones precarias, el 61% de las mujeres, a pesar de desempeñar una actividad laboral, se encuentran en situación de exclusión económica (Fundación CODESPA, 2017).

Tabla 4: Principales sectores de ocupación de la mujer africana-subsahariana

Fuente: Elaboración propia a partir de Fundación CODESPA (2017)

Pero ¿qué pasa cuando una mujer quiere abrir su propia empresa? Si bien es cierto que las mujeres africanas-subsaharianas pueden desarrollar su propia actividad empresarial,  esta debe de hacer frente a varias restricciones que la supeditan al marido.

Así, para que una mujer pueda abrir su propia empresa debe, contar con el permiso de su marido y luego lograr la financiación y créditos necesarios. Esto último, en una sociedad donde la mujer requiere el permiso del varón para abrir una cuenta bancaria[3], se convierte en una tarea difícil. Por ello, el porcentaje de mujeres empresarias que alcanzan a obtener la financiación necesaria para salir adelante es del 50% (Fundación CODESPA, 2017)

Figura 5: Proceso de la mujer africana-subsahariana para abrir una empresa

Fuente: Elaboración propia a partir de Fundación CODESPA (2017)

De esta forma, las limitaciones impuestas hacen que las posibilidades de prosperar de forma autónoma se vean reducidas considerablemente, lo que la hace más vulnerable a la exclusión económica.

1.2. Violencia sexual

Hablar de violencia sexual no es sólo hacer referencia a los abusos y agresiones sexuales, sino que el conjunto de acciones y conductas que abarca pueden ser de diversa naturaleza. La mujer africana-subsahariana es objeto de múltiples formas de violencia sexual a lo largo de su vida, lo que afecta tanto a su voluntad de mantener relaciones sexuales libremente, como a su propia salud reproductiva.

Todo y que pueden darse fenómenos comunes a otras culturas –como ocurre con el matrimonio forzado – la mujer también se ve afectada por otras conductas como la trata de personas o la mutilación genital.

Tabla 5: Principales formas de victimización sexual  de la mujer africana-subsahariana

Fuente: Elaboración propia a partir de Fundación CODESPA (2017) y la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género (2018)

De esta forma, se puede observar como la mujer es privada de su libertad sexual, haciendo que su sexualidad se encuentre a disposición de los deseos del hombre. Así, teniendo en cuenta que varias de las conductas nombradas cuentan con el respaldo sociocultural ¿guardan alguna relación entre ellas?

Todas ellas guardan un objetivo común, la sumisión de la mujer. Para cumplir con esta premisa en el ámbito sexual es preciso privar a la mujer de su libertad para mantener relaciones sexuales. Para ello, se lleva a cabo un proceso donde la mutilación genital, el matrimonio forzado y la agresión sexual confluyen formando una secuencia causa-efecto, en la cual, la mutilación genital dará lugar a la agresión sexual dentro del matrimonio[4].

Figura 6: Proceso de sumisión sexual de la mujer africana-subsahariana

Fuente: Elaboración propia a partir de Fundación CODESPA (2017)

De este modo, se puede apreciar como la mujer sufre distintas formas de victimización sexual durante varias etapas de la vida con el único objetivo de cumplir con los patrones socioculturales establecidos donde la obediencia y la subordinación al hombre son las principales máximas.

I. Conclusiones

La violencia de género es un fenómeno que puede adquirir muchas caras, pero que cuando converge con la diferencia cultural de la sociedad en la que se convive, hace que las dificultades que se encuentra la víctima para salir de la situación se multipliquen.

Por tanto, uno de los aspectos que cabe tener en cuenta tanto en términos de intervención como de prevención, es el panorama sociocultural del que proceden estas mujeres, y que éste no desaparece al llegar a España. De esta forma, el choque cultural producido puede convertirse en uno de los factores por los que la mujer no llegue a pedir ayuda o los organismos no detecten la victimización.

Las mujeres migrantes víctimas de violencia de género deben de recibir una intervención y una política preventiva que tenga en cuenta sus circunstancias, ya que, como se ha reflejado a lo largo del artículo, el panorama en el que su situación se encuadra exige una serie de medidas especiales con las que hacer frente a todas las necesidades que presentan las víctimas.

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AUTORA: CAROLINA TORRES SUAY

II. Referencias

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  • [1] Al contrario de lo que sucede con la mujer latinoamericana o con la magrebí, la migración de la mujer africana-subsahariana se produce una vez el marido se ha instalado en el país de destino y la reclama, siendo entonces cuando ésta y sus hijos emprenden el viaje. Esto hace que la situación de violencia que pudiera vivir se traslade de un país a otro.
  • [2] Todo y que la educación ha dejado de ser un lujo en múltiples países, en 2017 se registró un total de 479 millones de personas que son analfabetas en todo el mundo (Fundación CODESPA, 2017).
  • [3] En Chad el porcentaje de mujeres que tienen su propia cuenta bancaria –para lo que es necesario el permiso del hombre-  no llega al 7% (Fundación CODESPA, 2017).
  • [4] Actualmente, muchas mujeres no contemplan la posibilidad de que puedan ser agredidas sexualmente por su marido, ya que, piensan que deben de aceptar los deseos de su marido. Esto lleva a que la violencia sexual dentro del matrimonio sea uno de los fenómenos menos percibidos y con mayor dificultad para evidenciar legal y socialmente.