Josep Talleda Andreu es uno de los asesinos en serie (en adelante, AS) más desconocido y menos estudiado de la criminología catalana y española, en parte porque judicialmente solo se le atribuyeron dos muertes y necesitaría la autoría de una más para tener dicha categoría de AS (según parte de la doctrina); aunque, como veremos, pudo haber cometido como mínimo 2 asesinatos más de los que le llevaron a prisión. Si bien todos los médicos y psicólogos forenses que han trabajado en sus casos lo han catalogado claramente como un psicópata, con nula empatía y un carácter brutalmente frío, nunca han ido más allá, eludiendo así encasillarlo en la gran variedad de clasificaciones y subtipos de AS existentes. A continuación, se hace una detallada exposición de los casos de asesinato conocidos y relacionados con su figura, para luego hacer un exhaustivo análisis de su impulso criminal (motivado por su inmadurez sexual y sus impulsos psicóticos) y su modus operandi con el objeto de clasificarlo como un asesino organizado, desorganizado o mixto.

 

Montserrat Àvila

Josep Talleda Andreu trabajaba en su pequeña tornería de Sant Hilari Sacalm (un pueblo enclavado entre bosques y montañas de la parte interior de la comarca de La Selva, provincia de Girona), actividad que compaginaba con el trabajo en una empresa de embotellado de agua. Con esposa e hijos, Talleda se desenvolvía en una vida humilde y aparentemente normal en el seno de la población. A escasos 50 metros de su casa y de su taller vivía una familia con nueve hijos de recursos económicos escasos, y, a raíz de ello, dos de las hijas (Carme Àvila, de 11 años, y Montserrat Àvila, de 9 años) empezaron a trabajar en la tornería haciendo pequeñas labores a cambio de dinero y regalos (vestidos, juguetes, etc.). Una de esas labores consistía en limpiar destornilladores. Talleda les decía que debían calentar primero los destornilladores y luego subir a la parte de arriba a limpiarlos. Talleda les esperaba en ese piso superior, tumbado detrás de las bisagras de una puerta y envuelto con una sábana, de modo que solo se le veía la cabeza. Las hermanas le entregaban el destornillador y él lo introducía en una bolsa de plástico, y hacía ver que se lo ponía en la entrepierna y les incitaba a frotarlo constante e insistentemente, ignorando las pequeñas que en realidad lo estaban masturbando.

Habiendo transcurrido cinco años, la mayor de las dos hermanas, Carme, con entonces 16 años, sabía que Talleda les había pervertido la sexualidad y se negó a regresar al taller, intentando convencer a su hermana, de 14 años, que tampoco lo hiciera. No obstante, ella sí insistía en volver por el dinero y los regalos que Talleda le ofrecía, pues cada vez eran más ostentosos. En ese caso concreto, había prometido comprarle una motocicleta; regalo que nunca llegaría y que la joven esperaba con ansia. Montserrat no cesaría hasta conseguir dicho presente, sabiendo que podía amenazar y coaccionar a Talleda con revelar la verdad de las prácticas sexuales a las que las había sometido.

El 11 de julio de 1987, Montserrat se dejó caer por la tarde en la tornería de Talleda, exigiéndole que quería la motocicleta. Sin atenderla, Talleda le instó a que se pasara por la noche ya que en ese momento estaba ocupado. Y así lo hizo la joven, a mediados de la medianoche, dijo a su familia que se iba al taller (quienes entendían esa afirmación como una excusa para ir a la discoteca con sus amigas) y se presentó en la tornería sin haber olvidado sus exigencias. Talleda, para apaciguarla, le dio un billete de 5.000 pesetas que ella aceptó, pero luego se percató de que ya estaba harta de recibir «limosnas» que solo postergaban una promesa que, y en ese momento se dio cuenta, nunca llegaría a fructificar. Así que volvió a insistir, pues necesitaba, de algún modo u otro, la certeza de que pronto tendría la motocicleta.

Cuando ya se levantaba el día, pasadas las seis y media del 12 de julio de 1987, unos cazadores encontraron el cadáver de Montse Àvila tirado en la cuneta de una carretera que daba acceso al pueblo, con la cara totalmente manchada de sangre y el cráneo destrozado. Talleda había aprovechado que la joven estaba de espaldas para propinarle, con un objeto contundente, un impacto mortal en la sien derecha y matarla en el acto. La dejó en el taller con tranquilidad (hacía tiempo que había cambiado la cerradura para perpetrar sus abusos sexuales con impunidad) y se fue a buscar a su mujer para llevarla al bar y tener así una coartada (actividad que nunca realizaban por la noche y que pasaría de coartada a actitud altamente sospechosa entre los vecinos). A las dos y media regresaban a casa y Talleda, excusándose que debía volver al taller, cargó el cadáver en su furgoneta Citroën Dyane y lo llevó hasta la cuneta donde horas más tarde sería encontrada. Multitud de gente se había acercado a ver el levantamiento del cadáver, entre ellos el propio Talleda, quien llevó a Carme Ávila en su viejo coche Renault 8 para que pudiera reconocer a la difunta como su hermana. Tres meses más tarde, Talleda vendía su furgoneta Citroën, a pesar de ser nueva, quedándose con el viejo Renault.

Josep Talleda no entraría en prisión hasta tres años más tarde. El caso estuvo estancado debido a la falta de pruebas directas que lo incriminaran, pues no se encontró sangre de la joven ni en el coche ni en el taller. Sin embargo, cuando Carme Àvila superó su rubor, en aras de lograr justicia para su hermana, contó la verdad sobre los abusos sexuales que practicó Talleda con ellas. Con ello se daba con el móvil del crimen y el caso se encauzaba para llegar a imponer a Talleda una condena de 20 años de prisión.

Josep Talleda.

Josep Talleda.

Vjolka Papa

Tras salir de prisión, llegando a cumplir apenas la mitad de la condena, Josep Talleda, con 60 años, fue a vivir en un piso de Girona con el permiso de su hija, ya que era propiedad de su pareja sentimental. Encontró trabajo en una harinera del Vallès, cerca de Granollers. Al realizar diariamente dicho recorrido con coche desde su casa hasta el lugar de empleo, se encariñó con una joven prostituta de carretera de la zona del Vallés, que trabajaba justo por la vía que él frecuentaba. Después de varios encuentros, Talleda le ofreció a Vjolka Papa, albanesa de 22 años, premiarle con regalos, una casa, y casarse con ella para conseguir «los papeles». Posiblemente Vjolka hubiera tenido muchos de esos regalos, pues Talleda quería poseerla solo para él, y el dinero y los premios eran tentadores. A raíz de eso, la chica accedió a tener más encuentros con Talleda en Girona, comiendo con él y pasando largos ratos para ver qué era lo que realmente le podía sacar.

El 31 de marzo de 2003, desde un bar de Girona, Vjolka mantuvo una conversación telefónica con su proxeneta y pareja sentimental, afirmándole que estaba arrepentida y que mañana volvería a Barcelona con él. Ciertamente, la joven logró entender que Talleda prometía más de lo que pensaba dar.

El 20 de abril de 2003, un fotógrafo de aves vislumbró un saco blanco, atrapado entre las ramas y hierbajos de la orilla del río Güell, cuyas aguas dividían la ciudad de Girona. Dentro del saco se encontraba el cadáver de Vjolka Papa en posición fetal, con lesiones en las manos, un profundo corte en el cuello y el cráneo destrozado. Presentaba los tobillos y las manos atadas con cordeles, la cara tapada con una bolsa de plástico y el cuerpo introducido en dos bolsas negras de basura, dentro del blanco saco industrial.

Josep Talleda explicó a la policía que el 31 de marzo dejó a Vjolka Papa en una pensión de Granollers y que no la volvió a ver. Que el día 1 de abril, su proxeneta y otros compañeros le asaltaron en su domicilio de Girona y lo golpearon en plena calle, arrancándole el pulgar (declaración que un día más tarde modificó afirmando que el asalto se había producido en su casa). En efecto, había tanta sangre en su domicilio que, ante el horror de su hija, Talleda le confesó que lo habían atacado allí y que no la quería asustar, hecho que ella, evidentemente, le instigó a denunciar.

La autopsia reveló que Vjolka tenía golpes mortales en el cráneo y un corte en la yugular, también mortal, cortes de defensa en las manos y que había muerto, por su estado de descomposición, entre dos y tres días antes del hallazgo, es decir, entre el 17 y el 18 de abril. La realidad era que Vjolka murió el 1 de abril, tras confesar a Talleda que iba a marcharse y que no quería estar más con él. Intentó defenderse de los fuertes golpes y cuchilladas que Talleda le arremetía, logrando salir de la habitación hacía el pasillo del piso y arrancándole el pulgar de un mordisco para defenderse. Por ello la escena del crimen era caótica con multitud de sangre por todos lados y en varias estancias. Talleda ocultó el cuerpo en un congelador industrial que tenía en el domicilio, recibiendo a sus familiares con total tranquilidad. Dos semanas más tarde, en la noche del 17 o 18 de abril, tras haber requisado previamente un carrito de supermercado, trasladó el cadáver a pie hasta la orilla del río Güell, donde lo tiró desde el muro con el propósito de que la corriente se lo llevara. Dicho carrito fue visto por los vecinos bajo la escalera del edificio.

Durante el tiempo en que Talleda tuvo a Vjolka en el congelador, le dio tiempo suficiente para limpiar, repintar el piso, y pensar en cómo se desharía del cadáver. En efecto, la policía pronto comprobó que la coartada de Talleda era falsa. No solo supieron que la pensión de Granollers donde afirmó haber alojado a la chica estaba en ese momento cerrada por vacaciones; sino que cuando inspeccionaron el piso vieron la multitud de pruebas existentes: A pesar del repintado aún se vislumbraban infinidad de gotitas de sangre (por el techo, los marcos de las puertas y los cuadros, etc.), los tres tipos de cordeles que ataban el cadáver estaban en su armario, incluidas las bolsas negras de basura con la numeración siguiente a las usadas, así como las botas que usó para trasladar el cuerpo, las cuales aún conservaban el fango de la orilla del río. El saco blanco industrial pertenecía a la harinera donde trabajaba. Fue condenado nuevamente a 15 años de prisión, muriendo pasados seis, el 22 de noviembre de 2012, a la edad de 71 años.

Francesca Boix

Francesca, o «Paquita», Boix era una vecina de Sant Hilari Sacalm que desapareció en el año 1978 y su familia nunca más volvió a saber de ella. Supuestamente solo se llevó el capazo de la compra para dirigirse a comprar, dejando todas sus pertenencias y documentación en casa. Alguien alertó a la Guardia Civil que se había marchado con un camionero francés. Ese alguien era Josep Talleda Andreu, para quien Paquita trabajaba haciendo labores de limpieza. Curiosamente, años más tarde, Talleda se llevaba a las dos hermanas Ávila a visitar el pantano de Susqueda (embalse que se extiende por los términos municipales de Susqueda, Sant Hilari Sacalm y una minúscula parte en el de Osor), donde practicaban unas oraciones y lanzaban un ramo de flores al agua. Curiosamente también, cuando Monsterrat Ávila fue asesinada, alguien llamó al Ayuntamiento informando que había visto como un camionero francés atropellaba a la niña. El funcionario del consistorio reconocería ante la Guardia Civil que la voz del interlocutor era de Josep Talleda Andreu.

Maria Teresa Rubio

Talleda cumplía su primera condena en prisión per el crimen de Montse Ávila, cuando su compañero de celda, un narcotraficante llamado Mustapha Kemal, le propuso que ayudara a transportar a su mujer a hacer algunos recados, aprovechando que Talleda ya disfrutaba de permisos de salida. Dicha mujer, que residía en Girona y se llamaba Mª Teresa Rubio, desapareció el 11 de enero de 2001, siendo encontrado su cadáver el 22 de febrero de ese año en la orilla de una riera de Vilanova del Vallès, al lado de una carretera que llevaba al almacén de harina donde trabajaba Josep Talleda. El cadáver presentaba el cráneo aplastado, pero no fue identificado hasta varios años más tarde, cuando las pruebas de ADN confirmaron que se trataba de la desaparecida Maria Teresa Rubio Blanco. No obstante, sin el cadáver, el caso quedó archivado.

Vistos los casos, y habiendo sido Josep Talleda Andreu condenado por dos de ellos, vemos como (si atendemos al criterio de las dos víctimas) se configura claramente como un asesino en serie (en adelante AS), donde los indicios pueden llevarnos a pensar que, como mínimo, mató a cuatro mujeres.

Según la clasificación de asesinos seriales en organizados o desorganizados establecida por el FBI para denominar de forma más coloquial a los asesinos psicópatas de los psicóticos, respectivamente, y ante la evidencia de la multitud de matices que la casuística presentaba (por lo que añadieron la categoría de AS mixto), veremos seguidamente como podríamos clasificar a Josep Talleda Andreu.

En primer lugar, en relación a la premeditación/preparación de los crímenes cometidos, no debemos obviar que podríamos barajar dos teorías: Una es que Talleda llegó a preparar los crímenes, pues en los asesinatos sobre los que tenemos más información (M. Ávila y V. Papa) el AS las citó en un lugar propicio para actuar con libertad y sin riesgos (su taller y su domicilio, respectivamente), una actuación clara de un asesino organizado. Sin embargo, me decanto más por la segunda teoría; según la cual Talleda no preparó nada y en ambos casos quitó la vida de las víctimas debido a un arrebato de furia, un impulso psicótico. Talleda tenía debilidad por las mujeres y por satisfacer sus instintos sexuales que no habían florecido de forma natural. Quería sentirse querido y satisfacerlas, creándole ello una idea de hombre más completo o superior. No toleraba el rechazo y descargaba contra él toda su furia plenamente escondida.

Para sostener que el AS no preparaba los asesinatos, hay que fijarse en los actos de ocultación de los cuerpos (sobre los que luego volveremos) a los que les dedicaba cierto esmero. Talleda, si hubiera preparado mínimamente los crímenes, sobre todo en el caso de M. Àvila, lo hubiera cometido en otra franja horaria (de día), donde la ausencia de un niño no se hace tan latente y luego, con más libertad, podría establecerse coartadas más satisfactorias o creíbles y deshacerse del cuerpo sin menos sospechas. Ya en el caso de V. Papa lo demuestra el hecho del escenario caótico que se montó en el piso (es propio de los AS desorganizados el no usar métodos de control sobre la víctima, debido a los ataques violentos e imprevistos que presiden el asesinato), y el de tenerla durante tantos días en el congelador, arriesgándose a que algún familiar pudiera encontrar el cadáver, mientras iba pensando cómo y cuándo se desharía del cuerpo, momento en el que pidió en la harinera donde trabajaba un saco grande. Está claro que las actuaciones de encubrimiento y ocultación del cadáver son hechas, si bien a consciencia y con cierto esmero, a la desesperada (sobre todo en el caso de la niña), como consecuencia de un acto que cogió por sorpresa tanto a las víctimas como al propio Talleda.

En segundo lugar, en relación a la elección de la víctima, el AS organizado se caracteriza por asesinar, en la mayoría de los casos, a víctimas desconocidas. Claramente, Talleda mataba a víctimas conocidas (característica de los asesinos desorganizados) y en la mitad de los casos se había relacionado con ellas durante el transcurso de bastantes años. El hecho de que sean personas conocidas hace que no puedan elegirse y a veces puedan suponer un riesgo para el propio AS; tanto para atentar contra su impunidad (pues el riesgo de ser descubierto es elevado), así como para atentar contra la no planificación del crimen, pudiendo convertir el homicidio en tentativa o dejando en el AS heridas defensivas, como le pasó en el caso de V. Papa, donde le cercenó el pulgar.

En tercer lugar, si atendemos al modus operandi, vemos como Talleda siempre golpea fuertemente el cráneo de la víctima. Sin duda se trata de un acto repleto de rabia que provoca dos cosas en favor del AS: La primera, descargar su furia y desahogarse; y, la segunda, despersonalizar a la víctima, borrarle sus facciones, siguiendo la idea de que, si no puede poseerla él, no puede poseerla nadie (en esta misma línea, en el caso de V. Papa, cubrió su cara con una bolsa de plástico). Un AS desorganizado manifiesta siempre ansiedad en el crimen (pues en ese momento no puede controlarse), y el ejemplo paradigmático de matar con ansiedad son los golpes fuertes y contundentes contra la cabeza, igual que múltiples heridas por balazos, cuchilladas, u otros instrumentos. Así, en el caso de V. Papa, como se defendió fuertemente, protagonizó una escena caótica, repleta de rasgos de espontaneidad y ansiedad, donde el AS descargó sobre ella golpes y cuchilladas (con objetos contundentes y cortantes del propio domicilio, volviendo a la no premeditación). El asesino desorganizado no mata por placer, sino como impulso para apaciguar sus demonios u obsesiones, por ende, raramente se llevará trofeos del crimen (si bien puede conservar partes de la víctima atendiendo a su enfermedad mental). Talleda no era un enfermo, solo padecía impulsos agresivos (brotes psicóticos) e inmadurez sexual. Por ello, nunca coleccionó trofeos (como hacen muchos asesinos organizados), ya que no quería revivir para nada aquellas situaciones. Solo quería borrar de la faz del planeta personas que le rechazaban o que podían hacerle algún daño moral (casos de F. Boix y M. Àvila, donde su reputación social y familiar en el pueblo estaba en juego).

En cuarto lugar, se suele decir que, en el caso del asesino desorganizado, la escena del crimen suele ser siempre la escena de la muerte. No ocurre aquí lo mismo, sino todo lo contrario. Igual que los asesinos organizados, Talleda buscó la mejor manera para trasladar los cadáveres y ocultarlos, así como buscarse coartadas para no ser sospechoso. Su inteligencia era media, tirando a baja, y eso se ve claramente en los fallos que cometió en esa fase. Si bien con M. Àvila nunca se encontró una prueba directa contra él, ya que no se observó sangre ni en el taller ni en el coche (la instrucción del caso y la obtención de pruebas fue altamente desastrosa, también decirlo), en el caso de V. Papa no actuó con la debida diligencia (había indicios de sangre por todos lados pese a repintar el piso, aunque invisibles a primera vista; y aún mantenía las botas, los cordeles y las bolsas de basura; destacando la coartada poco trabajada de dejar la chica en esa pensión que resultó estar cerrada por vacaciones). Ello no le convierte en AS desorganizado, sino simplemente demuestra sus bajos recursos intelectuales o su desidia.

El agua estaba siempre presente en el acto del traslado/ocultación del cadáver (sobre todo a tenor de que en el primer asesinato que le podríamos atribuir le funcionó a la perfección, permitiéndose el lujo de volver al pantano a rezar y lanzar flores, con testigos). La excepción que confirma la regla es el crimen de M. Àvila: se deshizo de ella justamente en el lugar más cercano al pueblo donde a esas horas de la madrugada era más difícil ser visto. Sabía que no podía ausentarse mucho rato. Precisamente, Sant Hilari Sacalm es llamado el pueblo de las cien fuentes (aunque tiene más), y también tiene rieras y riachuelos, pero a veces las oportunidades no se pueden aprovechar.

En conclusión, y advirtiendo que desconocemos sus antecedentes familiares, Talleda comparte de un AS organizado que convive con su familia (al menos antes de ser condenado); más que encantador (ya que no gozaba de alta masculinidad), muestra simpatía y afabilidad; tiene varios empleos; sigue las noticias sobre los casos, mostrando interés en su resolución; tiene movilidad geográfica (no para cometer el crimen, pues no es esperado, sino para ocultarlo) y tuvo buen comportamiento en prisión. Del AS desorganizado comparte su inmadurez e incompetencia sexual; su baja inteligencia; la ansiedad manifestada en el crimen; la agresión no planeada (lo cual conlleva a no usar métodos de control); las armas empleadas son de oportunidad; el conocimiento de la víctima y su despersonalización; la no colección de trofeos; violencia súbita y comportamiento variable notable (según fuentes propias, amenazaba a veces con actos violentos sin entender, los vecinos o compañeros, si se trataba de una broma o no); sus empleos son poco cualificados; y siempre vive o trabaja cerca del lugar del crimen.

Josep Andreu Talleda fue catalogado por el médico forense que estudió su personalidad en ambos juicios (Narcís Bardalet) como un ser profundamente frío, sin ningún atisbo de arrepentimiento y con una negación total de los hechos, un psicópata sin ninguna enfermedad que le restara impunidad. En el primer juicio lo negó todo de forma clara. En el segundo, si bien también lo negó todo siempre, en ciertos momentos mostró desidia (delante de los Mossos de Esquadra, cuando éstos realizaban la inspección de su domicilio en Girona, tras el asesinato de V. Papa, y ante los altos indicios de sangre esparcida, éstos le preguntaron por qué lo había hecho y él respondió: «Què vols que et digui, noi? Què vols que et digui…» [«¿Qué quieres que te diga, chico? Que quieres que te diga…»]).

En mi opinión, Josep Talleda Andreu fue un AS MIXTO; cuando mataba, por sus impulsos violentos, respondía al perfil de un AS desorganizado; y después, desaparecido el descontrol, volvía en sí y actuaba como un AS organizado. Se trataba de un psicópata con brotes psicóticos de furia y agresividad por su inmadurez sexual. Quería demostrar su virilidad, y acabó demostrando su monstruosidad.

Autoría: Jordi Saurina Cros

  • Profesor de Derecho en el Institut de Seguretat Pública de Catalunya y en la Universitat Oberta de Catalunya.
  • Letrado en la sección de Asesoramiento y Normativa del Servei Català de Trànsit.
  • Divulgador científico sobre Psicología y Criminología.
  • Licenciado en Derecho por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.
  • Posgrado en Práctica Jurídica por el Ilustre Colegio de Abogados de Barcelona.
  • Máster en estudios de la mente criminal, inteligencia emocional y perfilación criminal por la Universidad Isabel I y la Escuela Internacional de Criminología y Criminalística (aún en curso).

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

PUJOL, CLÀUDIA. Diari d’un forense (Cristina Vigo, Tristesa a les Guilleries) [págs. 43-56]. Barcelona, labutxaca. 2009.

RESSLER, ROBERT K.; SHACHTMAN, T. Asesinos en serie. Barcelona, Ariel. 2005.

PORTA, CARLES (dirección). 24 de febrero, 2020. Crims – Josep Talleda, «l’Espereu-me» (capítol 1) [programa televisivo]. Gemma Felius (directora de producción) i Xesc Estapé (jefe de producción). CRIMS. Sant Joan Despí, Barcelona (España). TV3 en colaboración con Goroka y True Crime Factory.

PORTA, CARLES (dirección). 2 de marzo, 2020. Crims – Josep Talleda, «l’Espereu-me» (capítol 2) [programa televisivo]. Gemma Felius (directora de producción) i Xesc Estapé (jefe de producción). CRIMS. Sant Joan Despí, Barcelona (España). TV3 en colaboración con Goroka y True Crime Factory.

PORTA, CARLES (dirección). 12 de enero, 2019. Cas Montse Àvila (capítol 1): Es pot empresonar algú només amb rumors?  [programa de radio]. CRIMS. Barcelona, España. Catalunya Ràdio.

PORTA, CARLES (dirección). 19 de enero, 2019. Cas Montse Àvila (capítol 2): Tothom l’assenyala, però la jutge deixa en llibertat Josep Talleda [programa de radio]. CRIMS. Barcelona, España. Catalunya Ràdio.

PORTA, CARLES (dirección). 26 de enero, 2019. Cas Montse Àvila (capítol 3): En Josep Talleda ha matat una altra dona? [programa de radio]. CRIMS. Barcelona, España. Catalunya Ràdio.

PORTA, CARLES (dirección). 2 de febrero, 2019. Cas Montse Àvila (capítol 4): Josep Talleda, un assassí en sèrie? [programa de radio]. CRIMS. Barcelona, España. Catalunya Ràdio.