Una vez analizados los motivos por los cual la violencia contra las mujeres sigue en auge y constituye una estructura tan compleja a la que buscar solución, pasaremos a tratar los escenarios concretos en los que este tipo de violencia se sitúa. Para empezar, según expone Patricia Lara, Los crímenes contra las mujeres en contextos de conflicto son crímenes de Segundo Estado, del Estado paralelo que se construye en los escenarios de desorden social vasto. (Lara, 2019)

Dentro de este contexto de violencia, cabe destacar que, en específico, los crímenes contra las mujeres se asemejan a los casos de violencia en regímenes totalitarios. La violencia hacia mujeres en los conflictos armados consta de elementos que también están presentes en este tipo de regímenes, como aquellos que hemos explicado con anterioridad: la superioridad del hombre sobre la mujer a lo largo del tiempo, arraigado e interiorizado como algo normal, y el uso de la mujer como una ventaja (como un arma), en distintos conflictos. (Lara, 2019)

Existen distintos ejemplos históricos, recientes y actuales que nos muestran como las mujeres han sido y son consideradas como un medio para un fin, sin importar las consecuencias que sufran. Dentro de estos ejemplos, encontramos, entre otros: las mujeres alemanas violadas por soldados soviéticos; esclavas sexuales al servicio del ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial; las decenas de miles de mujeres violadas en la masacre de Nankín (1937); las 70.000 mujeres víctimas en la partición de India y Pakistán, así como unas 200.000 y 400.000 en la creación de Bangladesh en el 1971 o el genocidio de Rwanda. (Lara, 2019)

Por último y el ejemplo con mayor importancia, la guerra de Bosnia, donde la utilización sistemática de la violencia sexual se convirtió en instrumento recurrente como parte integral de la limpieza étnica. Consideramos este caso como el más relevante puesto que los procesos judiciales derivados de este conflicto sentaron las bases para la judicialización de la violencia sexual como arma de guerra. (Lara, 2019)

En relación a aquellos conflictos actuales, muchos de estos se desarrollan en los países más pobres del mundo y mayormente en el continente africano, en el que se hallan según Lara, situaciones estructurales de violencia e inseguridad, alimentadas por intereses económicos y políticos. (Estébanez, 2012)

Uno de estos ejemplos procede del Congo, donde una población mayoritariamente femenina se ve sometida, sin tregua, a la violencia sexual. En este sentido, el gobierno congolés registró durante el año 2013, 15.352 incidentes de violencia sexual y por motivos de género, en el que los combatientes cometen graves violaciones de los derechos humanos. (Lara, 2019)

En El Líbano, por otro lado, existen testimonios de mujeres que declaran haber sido violadas, pero a la vez no preparadas para recurrir a organizaciones que les ayuden a hablar de violencia sexual y de género en público. (Lara, 2019)

En Egipto, por ejemplo, la idea de que una mujer vaya sola por la calle es un factor de riesgo y se visualiza como una “presa fácil” para los hombres de allí. (Lara, 2019)

Pero esto no ocurre solo aquí, sino que esta situación se extiende a países en los que encontramos muchas similitudes o situaciones de las mismas características, como en Nigeria con el grupo islamista Boko Haram, Sudán del Sur, Yemen, Irak, Afganistán, Somalia, Mali, entre otros. (Lara, 2019)

Sin embargo, esto no solo ocurre en países de África. Los desplazamientos, desapariciones, forzamientos sexuales se ven en países como Colombia o México, dónde los grupos armados y organizaciones criminales continúan disputándose territorios. (Lara, 2019)

Apuntando a otro lugar en el mapa, Asia se sitúa el conflicto del ejército de Myanmar y la minoría Rohingya, que ha propiciado el mayor campo de refugiados del mundo en el territorio de Bangladesh. En este contexto, el ejército ha sido acusado numerosas veces de ejercer una gran violencia sexual contra las mujeres de la minoría musulmana. (Lara, 2019)

En Siria, por su parte, la violencia sexual es un factor esencial dentro de las guerras por el territorio. La ONU y otras organizaciones de derechos humanos han informado de una situación cuanto menos grave. Dentro de este conflicto de magnitud bastante amplia tenemos dos focos principales: en primer lugar, consta el hecho de múltiples abusos sexuales, incluyendo violaciones en grupo contra niñas y mujeres en puestos de control o durante redadas llevadas a cabo por las fuerzas del régimen en zonas consideradas como favorables a la oposición ; y en segundo lugar, la acusación de hacer uso de la violencia sexual en las cárceles de todo el país por parte de las fuerzas de seguridad sirias y milicias progubernamentales. En Siria varios territorios han pasado a ser dominados por grupos radicales yihadistas, como por ejemplo por el Estado Islámico, o más comúnmente denominado ISIS. En consecuencia, las denuncias contra este tipo de grupos han aumentado exponencialmente, siendo acusados de llevar a cabo la violencia contra la mujer de maneras muy variadas: matrimonios forzados de mujeres y niñas con combatientes, lapidación de mujeres acusadas de adulterio o el sometimiento de mujeres a situaciones de esclavitud sexual, entre otras. (Lara, 2019)

En definitiva, la violencia sexual ha sido utilizada en este tipo de países que se han mantenido o se mantienen en conflicto, como sostiene Patricia Lara en su artículo de este mismo año, como mecanismo de tortura, humillación y degradación contra mujeres, hombres y menores de edad. (Lara, 2019)

Por otro lado, y derivando a la cuestión sobre cuáles son las maneras más comunes de violencia sexual contra las mujeres en este tipo de conflictos nos encontramos con las siguientes:

 Violación, abusos y agresiones sexuales. Esta “estrategia” es la que más ha aumentado en los conflictos bélicos y actualmente se puede decir que es la más usada en ellos, ya que se usa como arma para avergonzar a las mujeres, romper los núcleos familiares y crear una situación de temor prolongado. (Kalala, P).
 Infección deliberada con VIH. Derivada de las agresiones sexuales y las violaciones. Su transmisión es muy rápida puesto que la mayoría de los países carece de medios suficientes para paliar las enfermedades de transmisión sexual. Por ejemplo, en el caso del Congo más de 1 millón de habitantes padecen VIH.
 Pornografía. Consiste en la generación de contenidos visuales degradantes, procedentes de las violaciones, abusos y agresiones sexuales cuyo objetivo es utilizarlos para producir un sentimiento de humillación a las víctimas y al país enemigo.
 Mutilación genital. No solo estamos hablando de una práctica cultural realizada a niñas o mujeres, también se utiliza en los conflictos armados para 15 desestabilizar al enemigo, al implantar la nueva cultura propia de las sociedades invasoras.
 Esclavitud sexual. Se trata del secuestro de mujeres y niñas para obligarlas a dar satisfacción sexual a los soldados durante la guerra. Un claro ejemplo de ello serían las más de 200.000 mujeres raptadas por el ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial. Eran conocidas como “Mujeres confort” o “Mujeres de solaz” y muchas de ellas confesaron que en ocasiones tenían que mantener relaciones con más de cincuenta soldados por día, además de tener que aguantar numerosas palizas, violaciones grupales, etc.
 Prostitución forzada y trata. En los conflictos armados la prostitución de las mujeres y la trata están relacionadas; hablamos de este tipo de violencia y de crimen que a la vez garantiza a los bandos que lo comente un fuente ilícita económica, a costa, por supuesto del sufrimiento de la mujer.
 Matrimonio forzado. Imposición de casarse. Generalmente con soldados del pueblo invasor.
 Embarazo forzado. Mayoritariamente a consecuencia de las violaciones.
 Esterilización forzada.
 Aborto forzado. Práctica sistemática y generalizada basada en la interrupción involuntaria y coaccionada del embarazo. Llevada a cabo con bastante frecuencia en las FARC a mujeres combatientes y niñas reclutadas, debido a que era incompatible el embarazo y estar operante.

Cabe destacar, que debido a las tradiciones culturales o religiosas que sostienen los cimientos de ciertos países, las mujeres se ven afectadas por el estigma social y muchas de ellas han estado obligadas a abandonar sus hogares, siendo repudiadas por aquellos de su entorno (amigos, familia, pareja) y esto, en algunos casos ha llegado a convertirse en un motivo de suicidio. Por ello, podemos afirmar que La violencia sexual sigue siendo, en el siglo XXI, un arma silenciada de destrucción masiva. (Alicia Cebada).

Autoría: Raquel Pacha, Aurora Beltrán, Patricia Hernández, Víctor Mellado y Estefanía Soto.

+ info: www.eicyc.com