El pasado verano, antes de partir desde su hotel hacia el aeropuerto de Tomsk (Rusia), Aleksei Navalni dio el que, probablemente, haya sido el trago más amargo de su vida. Tras casi medio año en Alemania tratándose de sus lesiones, el líder opositor ruso ha regresado a su país donde nada más aterrizar ha sido detenido provocando una autentica disputa diplomática entre Rusia y la Unión Europea, hasta tal punto, que la nación más grande del mundo ha expulsado de su territorio a tres diplomáticos europeos por posicionarse en favor del líder opositor y criticar las medidas jurídicas adoptadas por Rusia cuya política criminal dista bastante de las de otros países de su entorno.

Pero, retrocedamos en el tiempo y analicemos lo ocurrido desde un punto de vista criminológico. El 20 de agosto del año 2020 Aleksei Navalni enfermó repentinamente durante un vuelo desde la ciudad de Tomsk a Moscú. Investigaciones posteriores realizadas por un laboratorio especializado del gobierno alemán revelaron que el opositor ruso había sido envenenado con “Novichok”, un agente químico organofosforado que provoca el colapso del sistema nervioso al descontrolar la actividad de la acetilcolina.

Aunque la secuencia de los hechos no está clara, las primeras hipótesis apuntaron al Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB) que posee entre sus filas a un equipo especializado en toxinas quienes, presuntamente, pudieron verter el novichok en una botella de agua usada por la víctima, ya que varios restos de dicha sustancia fueron encontrados en el cuello de una de las botellas en la habitación donde se alojaba. Navalni fue trasladado y tratado en Alemania hasta su completa recuperación y regresó a Rusia el pasado 17 de enero de 2021 donde las autoridades rusas procedieron a su detención al entrar al país.

Al hilo de lo relatado y, criminológicamente hablando, se puede afirmar que esta tipología delictiva no suele darse con frecuencia debido a que necesita de un iter criminis muy elaborado donde los sujetos activos del delito requieren de una formación muy especializada así como de la existencia de cierta complejidad en la adquisición de sustancias o elementos técnicos que no están al alcance de cualquiera. No obstante, este tipo de delitos ya se han dado en otras ocasiones a lo largo de la historia: Georgi Markov, Alexander Litvinenko o Sergei Skripal fueron víctimas de sucesos similares cuyo principal nexo fue la “presunta” colaboración y asistencia de un Estado para llevar a cabo el delito. A Markov lo inocularon ricina mientras paseaba por las calles de Londres; Litvinenko fue envenenado con Polonio-210 y Skripal, al igual que Navalni, fue expuesto a poder del novichok.

Todos y cada uno de estos delitos fueron cometidos por personas a las que nunca se llegó a juzgar o condenar, bien sea porque gozaron de los beneficios de la inmunidad ofrecida por un país o porque jamás fueron identificados o localizados por las autoridades. Es decir, en términos criminológicos, el Estado no es la figura ejecutora del delito, sino quien planea y organiza la acción facilitando los medios y la información oportuna al verdugo con el fin de que el cometido se cumpla con éxito. Son lo que Smeulers1 catalogó en su investigación como perpetradores de alto nivel (Estados), perpetradores de nivel medio (ideólogos) y perpetradores de nivel bajo (ejecutores).

Si aludimos a los factores criminógenos expuestos por Cohen y Felson en 1979 sobre la comisión del delito, podemos decir que en este tipo de actos coexisten:

– Personas con motivación para delinquir: En este caso, un Estado, que percibe a un individuo como amenaza inminente o futura a la que hay que eliminar.
– Un objetivo adecuado: Persona o personas que se han posicionado en contra de las políticas o decisiones nacionales y que, además, lo han expresado abiertamente creando una confrontación nación-individuo.
– La ausencia de controles sociales: En este caso, no es que se carezca de controles sociales formales, sino que quien tiene que ejecutar ese control es, a su vez, la misma entidad que pretende saltárselos (El Estado).

Desde el punto de vista del victimario observamos que quien realmente ejecuta el crimen no es el Estado, sino una o varias personas al servicio de dicho Estado. Se trata que crímenes altamente elaborados en los que se utilizan medios, técnicas, sustancias o elementos muy difíciles de obtener para la delincuencia común e incluso para grandes bandas organizadas con fuentes de financiación solventes. Para la comisión de este tipo de crímenes se necesita algo más, un plus, que solo un Estado puede ofrecer. Nos topamos con la figura del “homicida burócrata, disciplinado o camarada” (Mann, 2005) que es incitado ante la necesidad de actuar conforme a las directrices que le ordena su autoridad organizativa – el Estado – porque no quiere perder el soporte que éste le ofrece y porque se siente ensamblado dentro de una burocracia que motiva su obediencia debida (Del Valle, 2019).

En lo que a las víctimas se refiere, éstas podrían encajar dentro del modelo de conflicto victimal propuesto por Sengstock y Liang en 1983 donde agresores y víctimas se encuentran envueltos en un largo conflicto, en este caso “políticas de estado” en el que el único error de las víctimas habría sido no comulgar con la ideología estatal convirtiéndose en traidores de la nación. Por otra parte, si aludimos a la clasificación victimal de Hans Von Hentig, desde el punto de vista bio-psico-social, estas personas se convirtieron en víctimas situacionales por proximidad profesional donde, paradójicamente, la distancia en el pensamiento político Estado-individuo acrecentó la proximidad entre víctima y verdugo aumentando de forma exponencial un factor criminógeno que hubiera pasado inadvertido si la víctima no se hubiera enfrentado abiertamente al poder de una nación.

Hasta la fecha son pocos los casos aplicables a esta modalidad criminológica, pero si los analizamos a lo largo de una línea temporal, vemos como proliferan de una forma más acuciada en los últimos años. Markov fue asesinado en 1978, Litvinenko en 2006, a Skripal lo envenenaron en 2018 y a Navalni en 2020. ¿Y sí la tendencia está cambiando?; ¿y si nuestros dirigentes comienzan a no admitir críticas o confrontaciones que puedan acabar con su poder?; ¿estaríamos entonces ante un nuevo tipo de criminología? …Podríamos estar viendo germinar un nuevo término criminológico: La Criminología de Estado. Sea como fuere, la evolución humana deja cada vez más claro que el veneno no está tanto en su recipiente como en la mente de quien osa utilizarlo.

  1. Smeulers: www.department-ambos.uni-goettingen.de/data/documents/Veroeffentlichungen/epapers/Una-explicacion criminologica.pdf

BIBLIOGRAFIA:

  • Giner Alegría, C. A. (2011). Aproximación psicológica de la victimología. Revista Derecho y Criminología. (pp. 26-50). Recuperado de https://repositorio.ucam.edu/handle/10952/573
  • De Molina, G. P. (2009). Tratado de criminología. 4ª Edición. Ed. Rubinzal-Culzoni.
  • Del Valle, J. (2019). Aspectos criminalísticos e impacto criminológico de los delitos cometidos con explosivos, agentes N.R.B.Q. e incidentes amok. Universidad Isabel I de Castilla.

AUTOR: Jesús del Valle Judilla

  • Graduado en Criminología con mención especial en Pericial Criminológica y Criminalística por la Universidad Isabel I de
  • Diplomado – Técnico en Desactivación de Artefactos Explosivos por Dirección General de la Policía – Ministerio del
  • Técnico Especialista en Criminalística por Universidad Europea Miguel de
  • Técnico Especialista en Protección Civil y Emergencias por Universidad Europea Miguel de
  • Técnico especialista en incidentes nucleares, radiológicos, biológicos y químicos por la Dirección General de la Policía – Ministerio del Interior.
  • Técnico Superior en Imagen y Sonido por la Escuela de Imagen y Sonido Vega del Prado (Valladolid)
  • Oficial de policía, en activo, perteneciente al Cuerpo Nacional de Policía Nacional con 13 años de