Pecados Nefandos: la represión hacía los homosexuales en la Inquisición

Hasta el 1 de noviembre de 1478, fecha en la que el Papa Sixto IV promulgó la bula “Exigit sinceras devotionis affectus” y los Reyes Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, instauraron en España el Tribunal de la Inquisición, los delitos de fe eran atendidos por los obispados en sus diócesis, funcionando la Inquisición Episcopal y la Pontificia en algunas zonas de la Península.

Los Inquisidores pasarían a ser nombrados por el Rey, convirtiéndose en funcionarios del Estado y los procesos no serían apelables en Roma. La sede del Santo Oficio quedaría fijada en Sevilla, siendo traslada posteriormente a Toledo. Fray Tomás de Torquemada, confesor de los reyes, fue nombrado Inquisidor Supremo de Castilla, Aragón y Sicilia. La jurisdicción del Tribunal abarcaría todo el territorio del reino y de ultramar.

Cada tribunal contaba en sus inicios con dos inquisidores, un calificador, un aguacil y un fiscal. Con el tiempo se fueron añadiendo nuevos cargos. Les estaba permitido encarcelar testigos sobre los que recayera la sospecha de que estaban mintiendo. La tortura había sido autorizada como práctica para extraer la verdad de los sospechosos en 1252, bajo la influencia del surgimiento del Derecho Romano en la figura del Papa Inocencio IV. 

Así aparecieron los pecados nefandos, que estarían encaminados frecuentemente a juzgar hechos relacionados con materia sexual,

En un primer momento el tribunal se centró en frenar la heterodoxia entre los bautizados, siendo las causas más frecuentes las de falsos conversos del judaísmo y mahometismo; añadiéndose en breve el luteranismo con casos centrados en Sevilla y Valladolid, y el alumbradismo, movimiento pseudomístico. Otros delitos contra la fe estarían compuestos por la blasfemia, en la medida que podía reflejar la heterodoxia, y la brujería, como subproducto de religiosidad. Con el tiempo se introduciría el delito de resistencia al Santo Oficio, con intención de garantizar el trabajo del tribunal. 

Así aparecieron los pecados nefandos, que estarían encaminados frecuentemente a juzgar hechos relacionados con materia sexual, con el fin de vigilar y encaminar la vida religiosa y moral de la sociedad. Las relaciones sexuales no canónicas fueron fuertemente reprimidas, con atención especial a las que se realizaban entre varones. El varón cometía pecado contra la naturaleza “al emitir su semilla durante cualquier acto sexual sin la posibilidad de procreación”. Cualquier acto sodomítico que pusiera en peligro la economía de la creación e impidiera la posibilidad de la colaboración del hombre con Dios era castigado. Se les denominaba también pecados nefandos, delitos abominables o inconfesables.

Eran perseguidas la polución procurada (masturbación), lenocinio (prostitución), fornicación (relaciones sexuales fuera del matrimonio), amancebamiento (unión libre), incesto, adulterio, bigamia, violación, sodomía, bestialidad (zoofilia), solicitación de monjas por seglares y clérigos, en definitiva cualquier acto que el tribunal considerase una transgresión sexual. 

En 1497 aparecerían las primeras disposiciones contra la homosexualidad. La sodomía era fuertemente sentenciada y reprimida, castigada con la pena de muerte. Relacionada con el miedo a la “contaminación de la sangre”, entre 1571 y 1630, destaca la severidad de la diócesis de Zaragoza, la cual abrió 534 procesos por crímenes de sodomía, de los cuales 102 fueron ejecutados. Los actos sodomíticos debían ser purificados por el fuego, ajusticiándose a los reos en un lugar público para servir de ejemplo. 

“Francisco Escofet, fraile de un convento de Barcelona, acusado en 1664 de que «solicitó para actos torpes y sodomíticos a cierto religioso en cierto convento de esta ciudad y tuvo muchos y muy repetidos actos sodomíticos con él, metiendo su miembro el vacuo prepóstero de dicho paciente y en él derramando su semen que tuvo con otro religioso del mismo convento actos torpes, dándole besos y abrazándole y corrompiéndose sobre él». Se le castigó con cien azotes y tres años de galeras”. (*)

“En el proceso de Jaume Ramón, mozo de mulas del lugar de Tárrega, de veinticinco años, la acusación fechada en 1666, señala que «trabajando con un par de mulas, una prieta y otra roja, sin calzón ni ropilla, teniendo la camisa echada al hombro comenzó a menear sus partes verendas (…) y se echó encima de dicha mula (…). haciendo movimientos como si conociese a una mujer». A causa de este testimonio, del que hemos omitido el minuciosísimo relato de los movimientos de Ramón, se le condenó a cien azotes y tres años de galeras”. (*)

“El caso de Juan Comes, párroco de Calonge, en el obispado de Gerona, detenido en 1666 a los cuarenta y dos años. En una ocasión. según el testímonio, «sabiendo que cierta mujer tenía disgustos con su marido, le envió a decir fuese a su iglesia con manto como solía irse a confesar y la aconsolaría; y luego que dicha mujer entró en la iglesia, se puso en el confesionario y arrodillándose dicha mujer y queriéndose persignar la dijo que no había para qué confesarse y dijo palabras de amores y que no se admirase, pues era hombre y ella mujer y, cogiéndola de las manos, la dio un beso en la boca»”.(*)

(*) Casos extraídos de Kamen, Henry: “Sexualidad e Inquisición” Historia, 16, nº especial La Inquisición, Madrid, 1986.

“La casa de éste encontró Vasco llena de nefanda voluptuosidad: halló al hermano del cacique en traje de mujer, y a otros muchos acicalados y, según testimonio de los vecinos, dispuestos a usos licenciosos. Entonces mandó echarles los perros, que destrozaron a unos cuarenta. Se sirven los nuestros de los perros en la guerra contra aquellas gentes desnudas, a las cuales se tiran con rabia, cual si fuesen fieros jabalíes o fugitivos ciervos…” (Anglería, Pedro Martir de, Décadas del Nuevo Mundo (1530), Madrid, Polifemo, 1989, p. 164.)

“El día Domingo quatro de el corriente por mañana, oío gritar a una morena llamada María del Rosario quien se llebaba unos Burros para asia el monte, y que fue hybto, Eligio, y Pedro esclavos asimismo de dichos herederos, y que fueron mirando el rastro de los burros y por dentro del monte, bió junto con los referidos, a Fancisco Joseph Villegas que estaba cometiendo Pecado con una Burra y que tenía el miembro adentro de la altura de la Burra y con los calsones quitados a bajo de las rodillas y que luego que lo sintió se quedo el dicho Francisco Villegas temblando, y el que declara le dijo a Francisco; que hase usted con esa Burra, y que se lo abía a desir a el mayordomo quando biniera de Missa, y que le respondió el dicho Francisco a el que declara que mas que se lo dijera, que cuanta tenía con eso”” (AANH, Sección Civiles, Tomo 14; cf. Pérez, Noraya «Un caso de bestialidad en Pacairigua, 1734»).

“Alejandro N., negro, esclavo de Thomas Ciprián, este soltero, y dicho esclavo casado, habrá como un mes y medio que tuvo bestialidad con una becerra. Vive dicho Alexandro en el sitio de la Aguada, distante de este pueblo un quarto de legua. Quedan advertidos dicho Alexandro y su amo, aquél, en emendarse, y éste de zelar sobre su esclavo, a quien castigó por este delito, y me dize que desde entonces, que habrá unos seis meses (y no un medio y medio como me dixo el denunciante) no ha visto y sabido nada mal al dicho Alexandro” (Martí, Documentos relativos a la visita pastoral…, T. 1, p. 560).

“María Concepción mulata, esclava de doña María del Carmen Gonzales, soltera de unos veinte años, vive mal con otra muger, su amiga, libre, llamada María Josefa Bohorques. Respecto a que se tiene por cierta la mala amistad entre si de estas dos mugeres, ha mandado este Vicario ponerlas a la carcel y despues desterrarlas. La dicha mulata ya no es esclava.” (Martí, Documentos relativos a la visita pastoral…, T. 1, p. 180.)

Lorena Gómez García

BIBLIOGRAFÍA:

Kamen, Henry: “Sexualidad e Inquisición” Historia, 16, nº especial La Inquisición, Madrid, 1986
Catálogo de los procesos inquisitoriales del Tribunal del Santo Oficio de Barcelona. JUAN BLÁZQUEZ MIGUEL. Espacio, Tiempo y Forma, Serie IV, H ª Moderna, t. 3, 1990, págs. 11-158
La Inquisición en la Corona de Aragón. RICARDO GARCÍA CÁRCEL. Universidad Autónoma de Barcelona. Revista de la Inquisición. 1998.

http://portal.uacm.edu.mx/LinkClick.aspx?fileticket=kVlFtf0uFc4%3D&tabid=2322
http://www.mayores.uji.es/datos/2011/apuntes/fin_ciclo_2012/inquisicion.pdf
http://www.almendron.com/artehistoria/wp-content/uploads/inquisicion.pdf
http://www.vallenajerilla.com/berceo/florilegio/inquisicion/sexualidadinquisicion.htm

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